Carpe Diem ofrece un menú de “Música a la carta”

RANDURIAS

 

JOYERIA ROYO
RODOLFO Y VENTURA
El primer movimiento del concierto de Brandemburgo número 3 de Bach como entrante; las estaciones de Tchaikovsky de primero; como plato fuerte repitió el compositor ruso con la sinfonía número 5 y, para terminar, el Bolero, de Ravel. Este fue el menú servido en el concierto “A la carta” que, la Carpe Diem Chamber Orquestra cocinó para los más de 80 comensales en Altura.

Un menú digno de estrella Michelín cargado adrenalina, pasión, nervios y mucha, mucha música clásica de primera calidad, en el que tampoco faltó el calor, la emoción, la concentración y la improvisación. Un puñado de ingredientes que se convirtieron en pura magia, de esa que solo los cocineros con estrella como el director Pablo Marqués y la directora artística Raisa Ulumbekova saben trasmitir en sus platos, en un tándem perfecto en el que no faltaron tampoco los excelentes músicos de las mejores orquestas del mundo.

Y es que, como el propio Marqués comentó ayer, “la experiencia ha sido excelente. Vivimos momentos de pura adrenalina, como de estar practicando un deporte de riesgo, porque, evidentemente había un importante riesgo al no saber qué íbamos a interpretar”.

Sin embargo, la respuesta del equipo de sala fue perfecta, la Carpe Diem no defraudó y, una vez más, supo meterse al público en el bolsillo. En esta ocasión, mejor dicho, ganarse al comensal por el estómago con un menú votado por los asistentes al llegar, cocinado segundos antes (incluso se imprimieron las partituras tras la votación) y servido con platos por los “camareros”, recién sacado del horno, para la ocasión.

“A nivel interpretativo hubo momentos muy buenos, porque la gente estaba muy pendiente, la concentración fue muy alta y hubo un feedback muy bueno entre el público, que acabó encantado, y los músicos, que supieron encontrar el equilibrio entre la adrenalina y la profesionalidad de concentrarse, porque era la primera vez que se enfrentaban a la partitura sin haberla leído antes”, resaltaba Marqués.

ENERSOSTE
Una lectura a primera vista, a la que, si bien se puede pensar que es igual que se hace en los ensayos la primera vez que se interpreta una obra, se debía sumar un factor añadido: la presencia del público que, además, pudo sentarse donde quiso, por aquello de romper la barrera entre orquesta y espectador. “Un público que entra ahí, sabe a lo que va, pero quiere oír algo digno”, destacaba el director quien afirmó sentirse satisfecho con el resultado final.

En cuanto a la elección, Marqués explicó que “esperábamos que saliera el entrante elegido”. Sin embargo, apuntó “creemos que en la segunda hubo algo de confusión a la hora de votar, porque la gente leyó las Estaciones y pensó en las de Vivaldi, pero era la de Tchaikovsky, lo que también estuvo bien para dar a conocer obras que, a lo mejor, son menos conocidas para el público”. En cuanto al plato fuerte, que consiguió encandilar y emocionar al asistente a pesar de su larga duración, “sí esperábamos que estuviera entre la que salió o Barber, aunque cualquiera de las cuatro habría sido un gran reto”, y el postre, también fue el esperado “porque pensábamos que saldría Ravel o Manuel de Falla y quedaron prácticamente empatados”.

Tan satisfactoria ha sido la experiencia que presumiblemente, la Carpe Diem repita esta metodología de cara a afrontar y desarrollar nuevas actitudes para los conciertos, comentó encantado Pablo.

Ana Monleón