David Montolío desvela secretos del arte de José Camarón Bonanat

(Segorbe, 1731-1803) y algunas nuevas obras en el camino de Aragón. Del valle del Palancia a Teruel

José Camarón Bonanat (Segorbe, 1731-1803) es, sin duda, uno de los grandes pintores de la escuelaa valenciana y española de tiempos del neoclasicismo, tanto al fresco como al caballete, en el dibujo o en el grabado. Además, junto a Luis Planes y Vergara, es el que alcanzó a tener un estilo más personal y reconocible dentro de los maestros de la escuela valenciana, muy influenciado por Mariano Salvador Maella (1739-1819) y por la enorme figura de Francisco de Goya (1746-1828). Ni que decir cabe de su gran impronta en pintores levantinos de su tiempo, muchos de ellos formados bajo su maestrazgo en las aulas de la escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, como Vicente López, Luis Planes hijo y Joaquín Oliet.

Miembro de una familia de grandes artistas1 que asientan sus raíces, al menos, en el seiscientos, con su bisabuelo Pedro (doc. 1658), su abuelo José y su padre Nicolás Camarón (ca. 1691-1766), procedentes de Huesca y dedicados a la escultura, y su tío Eliseo Bonanat a la miniatura, fue en ese entorno donde comenzó su primera formación, primero en su Segorbe natal, donde se ha venido apuntando su discipulado del pintor-fraile Miguel Posadas, para marchar posteriormente a Valencia, vinculado a la primitiva academia de Santa Bárbara, donde fuecprofesor de la sección de pintura. Nombrado académico de mérito de San Fernando de Madrid en 1762 y uno de los fundadores de la Real Academia de San Carlos de Valencia en 1768, donde fue director de pintura en 1790 y, posteriormente, director general desde 1796 a 1801. Sus hijos José Juan y Manuel, principalmente, además de Manuela, Eliseo y Rafael, mucho menos conocidos, se dedicaron al arte. Un arte que continuó su saga a través de José Juan, establecido en Madrid, con su hijo Vicente, pintor, su nieto Fernando, escultor, y ya en el siglo XX con Elena Camarón, también pintora.

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En especial su figura artística siempre se distinguió por un tratamiento colorístico especialmente suyo, figuraciones esmeradas y unas cuidadas composiciones que siempre le acercaron más al barroco, según autores rococó, que al propio academicismo en el que militaba.

Cultivando con extraordinario primor el paisaje y las escenas de costumbrismo popular, géneros en que fue un reconocido maestro, o el retrato, destapó su genial maestría en las más bellas interpretaciones de arte sacro de su tiempo, diseminadas por conventos e iglesias del entorno valenciano y foráneo, así como en colecciones particulares. Buena muestra de ello es la fantástica obra de la Virgen del Rosario del Museo Catedralicio de Segorbe (Inv. núm.: MCS-96), institución donde también se conserva un exquisito fragmento de lienzo con la temática de la Virgen del Rosario con Niño entregando el Santo Rosario a santo dominico (Inv. núm.: MCS-99)3 y un retrato de Clemente XIV (1769-1774) de pequeño formato sobre cobre, Seguramente encargado por el obispo de Segorbe Alonso Cano al pintor con motivo de la supresión de la Compañía de Jesús decretada en 1773 por el Pontífice. Prelado al que también realizaría un realista retrato hacia 1770, conservado en el Museo Catedralicio de Segorbe.

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El lienzo de Santa Teresa del Convento de Madres Agustinas de Caudiel,5 se dio a conocer en el año 2003, a raíz de la exposición del Centenario del Convento de Mínimos en Viver, en el que tuvimos la ocasión de atribuirlo al pintor José Camarón y datarlo hacia 1775. De pequeño formato (39 x 31 cm) y gran calidad, presenta a Santa Teresa de Jesús, de medio cuerpo, en actitud pietista y de recogimiento, con los brazos tiernamente cruzados y vestida con los hábitos propios de su orden. El rostro de la santa, juvenil y de bondadosa inocencia, expresa un adormecimiento apasionado y de expresión intensa aunque contenida, mostrando un momento de conversación íntima, captando un instante introspectivo entre la mística y la figura de Cristo, sostenido tiernamente sobre su hombro.

La técnica depurada, de toques sueltos, fluidos y precisos del pincel, inunda a la pieza de una religiosa y devocional perturbación, plasmando un idealismo decidido, de tintes naturalistas, a través de un gran conocimiento del dibujo y de los modelos, confiriendo a las formas un acusado vigor y una gran

corrección pictórica. Una paleta de tonalidades vivas en los ropajes, aunque de contrastes claros y delicados, de unas veladuras de gran fuerza expresiva y muy bien conseguidas, sobre todo en el tratamiento de ropajes y pliegues, en contraste con la delicada presencia de las carnaduras de manos y rostro.

También los elementos secundarios, la calavera, el documento y el látigo de disciplinante, destacan por su detallismo y calidad, resueltos diestramente, de suave configuración, tersura cuidada y trazo fino y delicado. Una luz difusa y matizada que embriaga conscientemente la escena y marca la académica severidad de la figura, imbuyendo la obra de unos tratamientos lumínicos bien estudiados.

El cuadro, de fuertes acentos académicos, recuerda inevitablemente algunos dibujos y obras del pintor segorbino y su círculo pictórico, observando todas las características y planteamientos propios del maestro, con cuya obra comparte grandes similitudes compositivas y técnicas que indican su autoría.

Fue donado al convento el 24 de noviembre de 1804, tal y como indica la inscripción realizada sobre papel en el reverso,6 por don Francisco Guimerá, subdelegado de las obras de la carretera de Aragón y canónigo de la Catedral de Segorbe, con la condición de que estuviera siempre colgado en la celda de la priora. No obstante, la realización del mismo debió de ser bastante anterior a dicha fecha de donación siendo, con toda seguridad, obra de oratorio particular.

El actual Baptisterio7 de la Seo de Teruel fue, en un principio, una capilla erigida en honor a la Virgen de los Desamparados. Trazada por el arquitecto Vicente Gascó (Valencia, 1734-1802), a quien se le había encargado durante una visita a la ciudad, comenzó a construirse en 1795, de manera contemporánea a la realización de su proyecto para la Catedral de Segorbe y de su trabajo como principal director del proyecto de la carretera de Aragón y autor del proyecto de alineación de la misma hasta la ciudad de Teruel.8 Concluida e inaugurada en tan sólo dos años, esta pequeña capilla oval ubicada a los pies del templo y junto a la actual entrada principal de la Catedral, fue chapada casi completamente de azulejos procedentes de las Reales Fábricas de Azulejos de Valencia, completados más tarde con material de otras procedencias, como el mismo Teruel, Onda o Castellón.

Es bien sabido que, en 1671, se fundó en la Catedral de Teruel una Hermandad para fines litúrgicos, caritativos, funerarios y ordenación del culto a la Virgen, existiendo, con anterioridad un retablo dedicado a la Virgen de los Desamparados. Disponiendo un pequeño altar en el trascoro de la catedral, pronto se pensó en realizar un nuevo espacio de mayor importancia en el lugar actual. Tras la declaración del altar como privilegiado en 1790 por el Santo Padre Pio VI, al año siguiente aparece un primer proyecto frustrado por la Real Academia de BBAA de San Fernando, obra de Joaquín Simón.

MEDITERRANEA OBRAS
RODOLFO Y VENTURA

Un segundo proyecto de Vicente Gascó, Director de la Real Academia de San Carlos de Valencia y presentado a la Cofradía el 30 de septiembre de 1792, gustó y fue aprobado por la academia valenciana e inaugurada el 15 de septiembre de 1797.9 En la actualidad, variada la advocación del recinto sagrado y ubicada en ella la capilla bautismal, allí se puede apreciar un “San Juan Bautista en adoración del Cordero”, según comentario de Santiago  Sebastián un lienzo del siglo XVII procedente de la desaparecida Iglesia de Santiago.10 No obstante la obra, reutilizada para el nuevo uso del espacio como sacramental, es realización posterior, completamente vinculable al arte del pintor segorbino José Camarón Bonanat durante su primera época segorbina y procedente de la iglesia destruida en los bombardeos de Teruel en la guerra civil española (1936-1939), seguramente del mismo entorno y altar bautismal en dicho recinto.

Parecen evidentes las similitudes de estilo entre el lienzo turolense y las primeras obras de Camarón, sobre todo las de la década de los sesenta del siglo XVIII. Sobre todo con la “Predicación de San Francisco Javier” de la Iglesia parroquial de Soneja, dada a conocer por Rodríguez Culebras en su tesis doctoral, y con la que observa numerosas similitudes estilísticas en composiciones, rostros, paisajismo y técnica.

Ambos cuadros debió realizarlos poco después del encargo de la serie de lienzos para la fila superior de asientos del coro de la iglesia mayor de la Cartuja de Valldecrist, para la que ejecutó cuarenta y seis lienzos con temas del Antiguo y Nuevo Testamento por un precio de 460 libras, según la crónica del rubielano el padre Vivas, cronista de la Cartuja. Un conjunto que Rodríguez Culebras ubicó cronológicamente hacia 1755 y del que se conservan algunas obras, como la “Predicación de San Juan Bautista” (col. particular), “Matanza de los Inocentes” (col. particular), “Aparición de la Inmaculada Concepción a un devoto” (Museo Lázaro Galdiano) o “Santa Martina derribando la estatua del Dios Apolo” (col. particular).

De esta cronología, el Museo Catedralicio de Segorbe conserva un boceto preparatorio para un cuadro de mayores dimensiones de “Cristo entre los doctores” (Inv. núm.: MCS-140)11 que, desde estas líneas, aprovechamos para acercar al pincel de José Camarón.

La Sagrada Familia en Egipto El lienzo de Camarón, recientemente descubierto,12 de pequeño formato (39,8 x 27,5 cm), trata la escena de la Sagrada Familia con san Juan Bautista niño, su madre Santa Isabel, y su esposo, el sacerdote Zacarías, descendiente del sumo sacerdote Aarón, hermano de Moisés-, cuya historia está contada en el primer capítulo del Evangelio de San Lucas (Lc 1, 5- 20). La obra trata un encuentro imaginario de ambas familias parientes en Egipto, en las que ambos primos se encuentran en primer término, acompañados de sus santas madres, conformando una hermosa composición piramidal, con el bastón del santo del desierto a los pies, siguiendo la diagonal del río diagonal. Ambos niños prefiguran, en sus vestimentas, su futuro destino, apareciendo Jesús desnudo, con el paño de pureza de la pasión, y Juan ataviado con piel de camello y sandalias, refiriendo a su futura vida anacoreta en el desierto. Por detrás de las santas mujeres se representan San Zacarías, sentado tras María, ceñido con ropas litúrgicas y apoyado en su bastón, y San José, de la estirpe de David, de pie con la vara florida en las manos, reclinado en actitud protectora sobre el grupo.

En ella el pintor, alejándose de los modelos más comunes en este tipo de representaciones, da rienda suelta a su imaginación, pues el relato de la huída a Egipto apenas tiene un par de `líneas en el Evangelio de Mateo (Mt 2, 13-15), aunque está muy presente en los apócrifos y la leyenda dorada-, ambientando la escena de la visita de la prima de la Virgen y su familia en un exterior paisajístico idealizado del país del Nilo, con un primer plano inmediato, enmarcado por la palmera y el bloque de piedra sobre el que se apoya José, donde se ubican los personajes sagrados, y un hermoso fondo natural bosquejado de árboles y palmerales, con el río Nilo serpenteando centrando la composición con diversas construcciones, como una pirámide,-similar a las conservadas al fresco en la cámara del órgano de la Catedral de Segorbe-, una construcción de planta circular a modo de anfiteatro y edificaciones fluviales que parecen representar un muelle. Un recurso que el autor, de una manera más recargada, emplearía en obras como “La milagrosa llegada de la Madonna di Trapani al monasterio de la Santísima Annunziata”, de la antigua iglesia de San Andrés de Valencia, de hacia 1755-1765. El pintor emplea en la ejecución de este lienzo una pincelada suelta y abocetada, muy rica en matices y muy propia de sus primeros tiempos como artista, presente en obras como “La predicación de San Francisco Javier” de la ermita del santo en Soneja (Castellón), con un estudio minucioso y preciosista en los ropajes y una dulzura exquisita en la plasmación figurativa tan característica de los trabajos del autor. Una técnica peculiar que, junto con las características genera-les planteadas de la presente pieza, la sitúan inevitablemente en su primera etapa productiva y en una de sus primeras realizaciones, todavía muy ligado a Segorbe, hacia finales de los años cincuenta o principios de los sesenta.

Durante su trayectoria artística mostró tener un gran aprecio, dentro del terreno sacro, por la plasmación de la vida del patriarca San José, como lo delatan muchos de sus trabajos y su intervención ilustradora en la publicación: “Vida gráfica, excelencias y muerte del glorioso Patriarca y Esposo de Nª Señora, San José”, en esta portada y 24 dibujos originales de José Camarón, realizadas en Valencia que sirvieron para ilustrar el poema sobre San José de don José Valdivieso en 1774”, actualmente conservado, por compra, en la Biblioteca Valenciana. También el dibujo suyo conservado en la Biblioteca Nacional de Madrid sigue los parámetros aplicados por el artista para la imagen de San José, al igual que el lienzo del Museo de la Catedral de Valencia o el de San José y San Pedro de la Iglesia parroquial de Benicàssim.

JOYERIA ROYO
Asimismo, cabe decir que la plasmación del santo en la pieza de nuestro autor, como en la presente, bebe directamente en obras de modelos clasicistas romanos, como del boloñés Guido Reni (1575- 1642), sobre todo en el modelo y elección de los ropajes, dulcificando Camarón los rasgos de ancianidad y presentando un modelo rejuvenecido y amable. Como temática, la obra es un nuevo planteamiento que, herencia de clásicos como Rafael Sanzio (1483-1520) o Miguel Ángel (1475-1564) entre otros muchos, de un tema predilecto en el clasicismo francés e italiano, plasmado por autores como Peter Paul Rubens como cerramiento del tríptico de San Ildefonso (1630-1632), conservado en el Kunsthistorisches Museum de Viena, Simón Vouet (1590-1649) o Nicolás Poussin (ca. 1640), en obras como la del Paul Getty de Malibú o en el Museo del Hermitage, entre otras.

Conservada actualmente en colección particular y expertizada y atribuida a la mano del pintor segorbino desde el Museo Catedralicio de la ciudad de Segorbe y restaurada por Irene Rodríguez Abad, bien podría tratarse del lienzo con la Sagrada Familia citada por el barón de Alcalalí y que se conservaba a principios del siglo XIX en la colección Rogelio Laffaya, de Segorbe. Aun tratándose de una escena religiosa, la gracia y cotidianeidad con que el autor plasma la escena y la belleza de los fondos paisajísticos, bien podría ser considerada como una de las primeras realizaciones de pintura de género de la obra de la mano de José Camarón. A primera vista, no parece boceto de ninguna obra suya conocida o conservada de grandes dimensiones, por lo que podríamos estar ante una “interpretación sentimental” sobre el tema, expresión muy utilizada por Rodríguez Culebras para tildar ciertos trabajos de Camarón, que obedecería a algún encargo de devoción particular.

Algunos dibujos

De su oficio, minuciosidad y gusto por el detalle hablan sus dibujos, muchos destinados a la confección de grabados y láminas para ilustraciones.

Su trazo especial con la pluma se hizo reconocido porel espléndido modelado que aplicaba a sus figuraciones, hasta tal punto que sus procederes acabarían creando verdadera escuela, no sólo entre su alumnado, sino como cuidado proceso previo para escultores y grabadores, aportando con su estilo detalles de grandísima elegancia. La belleza que todas sus variadas temáticas tratadas ofrecen, a su vez, el gran dominio de toda técnica,-lápiz, pluma, tinta china o sepia o pincel-, se ven rebasadas, sobre todo, por el virtuoso tratamiento del bistre o laca parda, aplicado magistralmente al modo de acuarela, a la aguada. Es característica su personalísima técnica, casi de punteado de un ritmo preimpresionista.

Un dibujo conservado en la Biblioteca Nacional, identificado por error como de “José Carón” por culpa de la abreviatura sin desarrollar del texto a lápiz que posee en el pie (“Retrato de Manuel Caron. Grande paysista. Dibujado por su Padre / D.n Jose Natural de Segorbe: Reyno de Valencia y Director de Pintura de la / Rel. de S.n Carlos de Valencia”, debe ser asimilado como obra del maestro segorbino y realizada con motivo del nacimiento de su hijo Manuel Camarón Meliá, también pintor. Atendiendo al momento de realización del apunte, éste debió realizarse en el primer año de vida de Manuel niño, por lo que podríamos encuadrarlo cronológicamente hacia 1763-1764.

También cabe acercar a la figura del maestro segorbino la iluminación del capitulario miniado del Archivo de la Catedral de Segorbe13 y dedicado a María el ORDO CAPITULORUM ET ORATIONUM AS USUM CAPITULI SANCTAE CATHEDRALIS ECCLESIAE SEGOBRICENSIS BREVIARII ROMANI RUBRICIS CONSONUS IN POSTERUM DISPOSITUS ANNO A NATIVITATE DOMINI MDCCLXX, con todo el año litúrgico u una selección de fiestas del calendario. En él se incluye toda una pequeña selección de textos de las Sagradas Escrituras vinculados al testimonio de las fiestas a las que acompañan. Éstos eran solemnemente declamados en el coro tras del último salmo y previamente al himno de laudes y vísperas. A la lección de los domingos y fiestas o proprium tempore, le seguía el calendario de celebración de los santos o proprium sanctorum.

El códice, extraordinaria obra de arte, abre con el anagrama de María en la portada, presentando toda una serie magnífica de miniaturas de gran variedad entorno a la figura mariológica: “Inmaculada Concepción”, “Adoración de los pastores”, “Virgen Dolorosa”, “Jesús y los discípulos de Emaús”, “San José con el Niño”, “Virgen del Rosario”, “San Juan Bautista Niño” y “Asunción de la Virgen”. Cabe señalar que José Camarón, autor de los presentes dibujos, era sobrino del gran miniaturista Eliseo Bonanat, autor de obras muy estimadas en su tiempo, como el famoso Capitulario, concluido en 1717, a sus 25 años y testimoniada por Juan Baptista Morales en sus ampliaciones del Libro VII de las Décadas de Escolano. Actualmente desaparecido, es bien conocido por el testimonio de este autor y la historiografía que durante la invasión francesa, la Biblioteca Imperial de Francia encargó su adquisición a toda costa y lo buscó concienzudamente. Guardado habitualmente en el Aula Capitular, donde se custodiaban todos los bienes verdaderamente apreciados en una caja fuerte allí construida hasta hace pocos años, el Ilustrísimo Cabildo supo apartarlo de la vista de los invasores y preservarlo hasta que el expolio de la guerra civil de 1936 lo hiciera desaparecer, por el momento.

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-MONTOLÍO TORÁN, D., “La Sagrada Familia en Egipto. Una nueva obra del pintor segorbino José Camarón Bonanat”, en Segobricensis, publicación de la Catedral de Segorbe, vol. II, 2016.

NOTAS

1 MONTOLÍO TORÁN, D. y PALOMAR MACIÁN, V., “El portal de la Verónica de Segorbe y la Cabecica de Nuestro Señor, una obra histórica recuperada del escultor Nicolás Camarón”, en Instituto de Cultura del Alto Palancia, nº 24, Segorbe, 2007, pp. 49-68.

2 Se recoge toda la bibliografía y demás detalles de la obra en RODRÍGUEZ CULEBRAS, R., OLUCHA MONTINS, F. Y MONTOLÍO TORÁN, D., Catálogo del Museo Catedralicio de Segorbe, Segorbe, 2006, pp. 114-115.

3 RODRÍGUEZ CULEBRAS, R., OLUCHA MONTINS, F. Y MONTOLÍO TORÁN, D., Op. Cit. 2006, pp. 116-117.

4 RODRÍGUEZ CULEBRAS, R., OLUCHA MONTINS, F. Y MONTOLÍO TORÁN, D., Op. Cit., 2006, pp. 222-223; MONTOLÍO TORÁN, D. y SIMÓN ABAD., R., Alonso Cano, obispo de Segorbe, y su pensamiento taurino, Segorbe, 2015.

5 MONTOLÍO TORÁN, D. Y OLUCHA MONTINS, F., “Santa Teresa de Jesús”, en Patrimonio religioso de Viver: el convento de mínimos y su época, IV Centenario de la fundación conventual (1603-2003), 2003, p. 34. Catálogo de exposición.

6 Inscripción en el reverso: “1804, Don Francisco, Guimerá regaló a la Santa Comunidad de Religiosas carmelitas Descalsas del Convento de caudiel; esta pintura de Santa Teresa de Jesús con la obligasión de que ha de estar siempre colocada en el quarto de la Priora que es, o fuere en lo venidero: Noviembre a 24”.

7 PÉREZ GUILLÉN, I. V., “Unos paneles de la Real Fábrica de Azulejos de Valencia en la capilla de Vicente Gascó de la Catedral de Teruel”, en Ars longa: cuadernos de arte, 1992, nº 3, 113-124.

8 SANCHIS DEUSA, C., “La carretera de Aragón (Sagunt-Teruel): 1791-1862”, en Cuadernos de Geografía, 67-68, Valencia, 2000, pp. 167-189.

9 TOMÁS LAGUÍA., C, “Las capillas de la catedral de Teruel”, en Teruel, 22, 1959, p. 37; SEBASTIÁN, S., en Teruel Monumental, Teruel, 1969, p. 71; SEBASTIÁN, S., Los monumentos de la catedral de Teruel, Teruel, 1963, p. 46; VV. AA., Inventario de Teruel y su provincia, Madrid, 1974, p. 406; PÉREZ GUILLÉN, I. V., Op. cit., 1992. 10 VV. AA., Inventario artístico de Teruel y su provincia, Madrid, 1974, p. 406.

11 RODRÍGUEZ CULEBRAS, R., OLUCHA MONTINS, F. Y MONTOLÍO TORÁN, D., Op. Cit., 2006, pp. 140-141.

12 MONTOLÍO TORÁN, D., “La Sagrada Familia en Egipto. Una nueva obra del pintor segorbino José Camarón Bonanat”, en Segobricensis, publicación de la Catedral de Segorbe, vol. II, 2016, pp. 6-11

13 Pergamino, tintas de colores y oro. 106 pp. Numeradas. 284 x 205 mm. Archivo Catedral de Segorbe, 9. I. 9. AGUILAR Y SERRAT. F. de A. Noticias de Segorbe y de su Obispado, I y II. Segorbe, 1890, p. 235; BLASCO AGUILAR, J., Historia y derecho en la catedral de Segorbe, Valencia, 1973, pp. 218-219; RODRÍGUEZ CULEBRAS, R., Camarón. Dibujos y Grabados, Segorbe, 1999, p. 83.

14 ESCOLANO, G. y PERALES, J. B., Décadas de la historia de la insigne y coronada ciudad y reino de Valencia, Madrid, 1878, 430-431.

David Montolío desvela secretos del arte de José Camarón Bonanat