Inolvidables fiestas

No tienen la culpa las calles rotas de emociones, ni el respaldo que las grasientas manchas de los adoquines ofrecen, ni siquiera el temblor de un ciudadano al encontrarse un coche con la bomba en su cerebro, tampoco ese viento de septiembre que rechaza desprenderse de este baile obsesivo abrazando la arenilla de San Julián…

Ni las puertas de los bares y comercios que se descuelgan abatidas, clamando a desesperación ante el descanso que van a disfrutar sus cajas registradoras, como otros años, rellenando una receta del INSALUD que aporta tranquilidad vitamínica a sus exhaustos dueños… No. Cuando el robusto empleado de la limpieza viaria sabe que va a recoger la última envoltura extraviada de un chicle, en busca y captura desde la pasada y vibrante enramada, abandona cesto y escoba, se agacha, porque quiere homenajear al último resto de las fiestas utilizando la precisión de sus manos, arañando con rabia un asfalto que aún babea espumas de cerveza…

MEDITERRANEA OBRAS
RODOLFO Y VENTURA

Es consciente de que al levantar acongojado la cabeza, va a sentenciar al calendario y lo va a declarar culpable por lanzar al barranco del pasado estas semanas, por marcar unos ritmos implacables a la vida…

Cree notar sobre sus brazos, las cosquillas escapadas del flash de ese intrépido y galardonado fotógrafo que desea ilustrar este artículo sobre la resaca de las fiestas, atrapando el punto melodioso de nostalgia que le ofrece esa luz matinal, deseando trasladarla a la cámara convertida en las voces del Dúo Dinámico –terminando esa emotiva canción que comenzó Ángela en su presentación- con aquella melancolía que anuncia “el final del verano llegó y tú partirás…”

El Alcalde de esta ciudad, hace saber que… las costuras desmayadas de su blusa, respiran y tornan a respirar porque esa inmensa tempestad que sienten cada tarde, a las dos, cuando se escapa un cohete hacia el cielo alto de los aviones, respondiendo a alguna misteriosa ley fisico-química -que solo él sabría demostrar- se ha diluido gracias al apaciguado trote de los valientes caballistas.

Los armarios de Ángela se sorprenden al iniciar una colección de artísticos encajes, pañoletas imposibles, deliciosas cajitas enjoyadas, húmedas tras haber sido atrapadas por una lágrima reciente, esa que contenía el disco duro de unas imágenes irrepetibles. Todo el textil limpio y cariñosamente perfumado se hunde en una cueva de emociones que acariciará, entre membrillos, ese plástico envolvente, guardapolvos de una dicha ya enlatada…

Pisando la penumbra de una puerta entornada, Fina observa, sonriendo desde la tranquilidad, las delicadas manos de Ángela que rescatan varias carpetas con apuntes, en ese instante un rayo de sol amarillento alumbra el logotipo desdibujado de la Universidad de Valencia…

Maria de Luna intenta mandarme un wassap en el que intuyo, perdónenme la indiscrección, pinceladas históricas de envidia.

                                                                         

 

Inolvidables fiestas, de Manuel Vte. Martinez