La “Entrada”: Primera noticia histórica de esta segorbina palabra

La "Entrada": Primera noticia histórica de esta segorbina palabraActualmente se habla mucho de las pseudonoticias. Es una información, con cierto grado de veracidad o falsedad, según se mire. De mi artículo publicado en 1990, titulado “Antecedentes históricos de las fiestas de los toros” (Revista Agua Limpia, 1990, nº 84), en donde daba noticias antiguas, desde 1386, sobre el “correr de bous”, su motivo (fiesta de San Juan, la de San Pedro, “festa del dijous de la font”, o la toma de posesión de los duques de Segorbe, y otros actos sociales relacionados con ellos…), por donde corrían, en donde se buscaban los cornúpedos, con quienes se concertaba y quienes se encargaban de los bichos, donde se guardaban (río, corral, toril),… otros bebieron.

Así Narciso Chiva primero (Los otros toros y Segorbe, 2002), Rafael Martín Artíguez (Entrada de Toros de Segorbe. Fiesta de Interés Turístico Internacional, 2006. Noticias sobre antiguas sobre todos en Segorbe pp. 31-36) y Rafael Simón Abad, junto con David Montolio Torán, (Alonso Cano, Obispo de Segorbe, y su pensamiento antitaurino, 2015. Fiestas de Toros en Segorbe, pp. 19-26).

Es a partir de 2006, cuando se declara como Fiesta de Interés Turístico Internacional, el momento en que institucionalmente se vocifera que nuestra fiesta de la entrada de toros y caballos, con ambos animales remarco, se origina en el siglo XIV. ¡Una pseudo noticia!

No es lo mismo el correr “bous al carrer” (en la calle), que hacer una “entrá”, o que al menos, quede atestiguada como tal. Los toros en la calle fueron, y lo son, una práctica taurina popular en muchos pueblos de nuestro territorio valenciano. Era, y lo es, muy típico soltar vacas, o similar animal, en cualquier momento del año, en general coincidiendo con las fiestas patronales.

Para ello siempre se utilizaron las calles, típicamente las más largas, o una plaza. Y se cerraba con los “entablaos” o vallas de madera. Esto permitía y permite, salir y entrar fácilmente, y así correr el toro.

Sin embargo, nunca en la documentación del Archivo Municipal, ni en la de la Catedral, habíamos encontrado nada al respecto sobre el acto de la “entrá”, solo aquello que ya indicamos en nuestro referido artículo sobre el correr “bous”.

A nuestras investigaciones en archivo, nos quedaba por revisar -desde hace tiempo- la hemerografía segorbina, a la que ya dedicamos un extenso estudio (La Prensa de Segorbe, 2010, pp. 7-80). Así que rebuscamos las noticias, estás si verdaderas, basadas en tres de los periódicos publicados en nuestra ciudad, más alejados en el tiempo, que además contaban con una buena cantidad de número editados. Estos son, por orden de aparición:

  • El Segorbino (1884, noviembre 1 – 1886, mayo 27), con una duración de 19 meses y un total de 106 números. Era el órgano difusor del Partido Liberal Dinástico.
  • La Nueva Unión (1886, marzo 18 – 1887, junio 5), con 16 meses de existencia y 65 números en su haber, se denominaba “Periódico Republicano”, añadiéndosele “Órgano del partido de esta localidad y su distrito”.
  • El Combate (1886, junio-diciembre), con una breve duración de 7 meses y 23 números, era defensor de las tradiciones del partido federal, de tendencia republicana intransigente.
ENERSOSTE

Se publicó en aquella época otra cabecera más, El Palancia (1885, mayo 25 – [1887, mayo]), con dos años de vida y con la interesante cifra de 104 números, del que solo se conserva el número 2; era de ideología liberal.

Veamos. Siempre en honor a la Virgen de Nuestra Señora de la Cueva Santa, “En los días 15, 16, 17, 18 y 19 [de septiembre] se verificará en la misma plaza [plaza de la Constitución entonces, y para el vulgo de la Cueva Santa] las populares y acostumbradas corridas de toros y de vaquillas”, avanzaba el periódico El Segorbino el 10 de septiembre de 1885.

Un año más tarde, el 9 de septiembre de 1886, el periódico El Combate, relata al referirse al programa de las fiestas de la cofradía de los mozos de Segorbe, que tendrían lugar entre los días 11 al 19 de septiembre, se terminaran con “las acostumbradas corridas de vaquillas en los días 14 al 18 inclusive”, dedicándose el día 19 a la corrida de caballos “en el lugar de costumbre”.

El periódico La Nueva Unión, el 5 de septiembre de ese año, recogía lo mismo; que en las fiestas con que la cofradía de los mozos de Segorbe obsequiaba a la patrona Nuestra Señora de la Cueva Santa, entre los días 11 al 19 de septiembre, además de otros actos relacionados “Terminarán las fiestas con las acostumbradas corridas de vaquillas, en los días 14 al 18 inclusive. El día 19 se celebrarán corridas de caballos, en el lugar de costumbre”. Este era el coso segorbino inaugurado en el año 1884, de iniciativa privada. Su fundador y constructor fue el carpintero segorbino Simón Carrión Echevarría, eligiendo como lugar el actual Botánico Pau.

¿Qué se entiende de estas noticias?

Que las fiestas se celebraban en septiembre, que eran organizadas por los mozos de Segorbe, quienes habían conformado una cofradía (y la cual merece un estudio aparte) y que, entre otros actos religiosos, se hacían vaquillas y una corrida, de novillos generalmente, y con picadores (“caballos”), en la plaza de toros que había al efecto y de manera continuada en Segorbe; además, siempre se iniciaban el martes de la semana, por lo que se perpetuó durante muchos años el dejar libre el lunes, para el montaje de la plaza.

Resulta extremadamente llamativo que, en ninguna de las dos crónicas, no se subraye algo más respecto a los jamelgos.

Entonces, ¿Cuándo ese primer dato escrito sobre la “entrá”, en Segorbe”?

RODOLFO Y VENTURA
JOYERIA ROYO

1886

Ese año es importantísimo. Es cuando aparece, el jueves 16 de septiembre, vamos a decir “inscrita” por el valor que tiene, la palabra entrada, con cursiva, escrita por el tribulete anónimo de El Combate. La cursiva es, junto con las mayúsculas y las comillas, uno de los tres procedimientos básicos para indicar que una palabra tiene un sentido especial que no se corresponde con el del léxico común de la lengua. Su principal función, con esta forma de tipografiarla, es demostrar énfasis y para señalarle al lector que, en este caso, formar parte de una jerga o argot muy nuestro.

Así era aquella crónica de la ENTRADA:

“El martes [14 de septiembre] fue el primer día de toros en la plaza de la Cueva Santa y empezó el día por chasquear a los que, ansiosos por esta clase de espectáculos, acudieron presurosos a presenciar la entrada; pues sin duda los animales previeron el cariñoso recibimiento que les esperaba y sin consultar con nadie cambiaron su itinerario dejando a sus crueles enemigos con un palmo de narices. Pero los mozos (y casados también) vieron con disgusto está falta de atención en el ganado y protestaron enérgicamente de tan censurable conducta; desconocedores del idioma vacuno, acudieron en demanda de justicia a los ganaderos para que, sirviéndoles estos de intérpretes, corrigieran severamente a los desertores y los hicieran salir de sus aposentos con el fin de que inmediatamente cumplieran con aquel imprescindible deber. Los ganaderos contestaron a los enfurecidos querellantes, que atenderían sus ruegos, reprenderían con energía a aquellos maleducados toros y que, al día siguiente, les obligarían, para satisfacer la vindicta pública, a que pasasen por las horcas caudinas sino por grado de fuerza; los mozos no quedaron contentos con este ofrecimiento y se empeñaron en que la entrada tenía que hacerse; los ganaderos se declararon protectores de las reses y se negaron en absoluto a ello. En este estado las cosas, acudieron en queja los mozos al señor Alcalde, este llamó a los ganaderos por ver si podían venir a un arreglo; la intransigencia caracterizada de ambos litigantes y el Alcalde nada pudo lograr de ellos. A todo esto, eran las cuatro de la tarde; la plaza llena y los toros sin correr; de pronto oímos decir que no había toros…luego hubo toros y nada más; por lo cual hacemos punto final, hasta la otra”.

Nosotros todavía vivimos este tipo de entradas. Y quien lo recogió de manera testimonial fue Narciso Chiva en su ya citada obra Los otros toros…(pp. 35-42): “El tiempo ha dotado de seriedad a una fiesta tan entrañable…Nunca ocurría a una hora fija…Algunos días la `Entrada´ se celebraba a las cuatro de la tarde y nos pillaba la primera carcasa comiendo…Nunca se acertaba la hora y cada año se escapaban los toros, bien al subir del río o lo que era peor durante la `Entrada´…Es curiosa la tendencia y acierto -cuando escapaban- de estos bovinos para encontrar el río…”.

Otro breve, también de aquel mismo día, describía como se escapaba una vaca y su recorrido, permitiendo visualizar el trayecto habitual para este acto: “En la corrida de vaquillas celebrada en la plaza de la Cueva Santa en la tarde de ayer [debería ser miércoles] no ocurrió de extraordinario otra cosa que el haberse escapado de la plaza una de aquellas, haciendo que la corrida incidentalmente se estenderiera por toda la calle del Mercado; bebió el anjelillo, tranquilamente agua en el abrevadero de la plaza del juzgado y cansada de los palos que anteriormente recibiría, marchose a descansar al río donde se encontraban sus compañeros de infortunio”.

¿Y los caballos?

Rafael Martín Artíguez en su libro apuntado, traza una hipótesis sobre la entrada de toros (pp. 55-56) tratando de responder al porque, del que sobre su acierto, cada uno valorará; no hay cuando y relata, en estilo literario, una ficticia primera entrada de toros (pp. 59-61) como respuesta imaginada.

Quizá se me tilde de atrevido, pero…no debían, a tenor de las siguientes crónicas, salir caballos.

El semanario El Combate, el 9 de septiembre del citado año, al repasar las celebradas fiestas en honor de Nuestra Señora de la Esperanza, se quejaba que “Los pocos competidores que se presentaron en las corridas de caballos, prueban que desgraciadamente va desapareciendo el gusto que habla por esta clase de espectáculos, que tanto estímulo proporcionaron en otros tiempos para procurar el mejoramiento y conservación de las razas”.

Se estaba refiriendo sin duda a la carrera de la “Joia”, que se celebraba en Segorbe desde el siglo XVI, que hoy es la conocida carrera de cintas. El periodista valoraba la importancia de este animal y los pocos que participaban. ¿Participaban en la “entrá” y no iban a tener la repercusión mediática de esta acción, por su espectacularidad? Entiendo que, si hubiesen salido caballos, se habría recogido.

Una nueva noticia del periódico La Nueva Unión, el 19 de septiembre de 1886, refuerza esta hipótesis al hablar de la presencia de los caballos en la mencionada carrera de la joya y no en las entradas del ganado. Así lo recogía: “Como costumbre se han celebrado las corridas de vaquillas que en el presente año han dado bastante juego, no habiendo ninguna desgracia que lamentar. En el día de hoy se verificarán en el lugar acostumbrado, carreras de caballos, dándose por premios las joyas, que se hayan expuestas en el comercio de los Señores Guía, Cid y compañía”.

Hasta hoy, seguiremos teniendo como fecha de inicio para la combinación de las reses y los rocines, nuestra entrada conocida, la prueba fotográfica del año 1894.

RANDURIAS

¡A los toros… o a por los toros!

Para concluir, actualmente los aficionados a los toros y la Tauromaquía en general, parece vivir en un momento de zozobra. Mucho movimiento antitaurino, reclamando la prohibición de todo tipo de manifestación taurinas. No hay motivo para la desazón si uno sigue leyendo aquella prensa.

No es nada novedoso. Como recogieron los ya citados Simón Abad y Montoliu Torán, desde el siglo XVIII, y entonces por el segorbino Obispo Alonso Cano, existía un movimiento de rechazo. Y estos planteamientos, continuaron también en el siglo XIX.

En el año 1885, un 17 de septiembre, el noticiero El Segorbino describía, sin beligerancia, el maltrato que se producía en las reses que salían en la Entrá:

“Las demás quisi-cosas ocurridas en estos días, son fáciles de calcular con solo hacerse cargo que estamos en la semana de toros. Nadie con más propiedad que los segorbinos podemos decir la popular frase `toros y cañas´. Y no vayan ustedes a creer que nuestras cañas son de manzanilla como la de los andaluces y las usamos para nuestros mismísimos adentros; no señor, las de Segorbe son real y verdaderamente cañas y las empleamos contra los toros, a quienes es indudable que les han de hacer el mismo efecto que una aplicación de sanguijuelas húngaras de las más finas. En medio de todo, el autor o inventor de esta pica interrumpida, debió ser algún veterinario, porque calculen ustedes lo que les pasaría a los pobres cornúpetos, si después de la lluvia de palos que cae sobre sus lomos no se les sacara algo de sangre para descargar la parte magullada; con seguridad que habría animal a quién tendría que ponerle cataplasmas mientras viviera y aún seguía inevitable una latoneritis”.

Este hecho debía ser reiterativo, de ahí que al año siguiente una cita breve de la hoja El Combate del 16 de septiembre, exclamara: “Razón tenían los toros para no querer hacer su entrada el lunes; seguramente que preveían, como en otro lugar decimos, la suerte que les esperaba. Al verificarse la entrada en la mañana de ayer los entusiastas aficionados que fueron a recibirlos quisieron, sin duda, cómo hacerles tán vivas manifestaciones de cariño que por poco le hacen saltar a una un ojo a una de las reses”.

Retomemos de nuevo El Segorbino, que hacía una reflexión final posicionándose ante estas situaciones:

“Aquí viene la parte más fea de la cuestión. Decimos que somos amigos de la cultura del progreso rechazando con energía está clase de espectáculos, o nos declaramos por el contrario partidarios de estas funciones diciendo que están encarnadas en la masa de la sangre y que España sin corridas de toros sería un país inhabitable. Lo mejor será que dejemos el ventilar esta cuestión a los socios de la Protectora de animales y a sus contrincantes los aficionados a la gente barbiana, pero haciendo constar que, hasta tanto que se decida la cosa, seguiremos asistiendo a los espectáculos de esta naturaleza, bien sean toros de muerte, bien solamente de lesiones como los de estos días”.

Tras aquellos días de fiesta, de alegría, de jolgorio, de debates, todo concluía y a nadie que lea esto, que sea de aquí -perdonen los forasteros- entenderá perfectamente la descripción de la prensa, un 1 de octubre de 1885:

“En la localidad a penas si ocurre alguna quini-cosa digna de llamar la atención. El mes de septiembre ha terminado y con han cesado el ruido y la algazara de las fiestas, habiendo tenido el mal gusto de despedirse con un torrente de agua a la que han seguido frescos vientos del norte. Segorbe cambia estos días de aspecto de un modo notable…Por la población hace poco todo eran pasa-calles y hoy solo se ven pasa-caballos que llevan sobre sus costillas el fruto de la vid o el del algarrobo; sus calles en las que solía verse enramadas se han vuelto tristes, y en los balcones que antes lucían colgadores vistosas, solo se ve hoy qué cahizos en donde los higos esperan con paciencia que la ardoroso febo los ponga en estado de poderse conservar. Ayer era Segorbe un pueblo que se divertía y la alegría del todos los semblantes y la limpieza de los trajes festivos y las casas engalanadas le daban un aspecto alegre y risueño. Hoy es un pueblo agrícola qué se dedica la recolección de los frutos y es el trabajo la única ocupación: Segorbe cumple hoy la humana condición y arecoge el sudor de su frente, indispensable sentencia que ha de sufrir para comerse el pan”.

Patxi Guerrero Carot (Doctor en Historia Contemporánea)

(Publicado en Nuestra Revista, de la Peña Cultural Taurina de Segorbe, en Agosto 2018).