©  Los toros y el obispo Alonso Cano .-

La costumbre en el Palancia de no celebrar toros durante los días de fiestas religiosas

Este detalle pasa muy desapercibido, pero es el resultado de una tradición que siempre ha estado sujeta a prohibiciones

Estimado lector, ¿has reflexionado sobre las fechas en que se celebran las tradicionales fiestas patronales y los días dedicados a los “toros” ?   ¿Has analizado que por nuestro entorno (Vila-real; Almassora, Onda, Rubielos de Mora,  y un largo etc.),  las fiestas están entremezcladas: actos religiosos y actos taurinos? Nuestra conclusión es muy sencilla: las poblaciones enmarcadas dentro de la antigua diócesis de Segorbe, especialmente la comarca del Alto Palancia, mantienen una estructura similar, los días taurinos son diferentes a los días dedicados a actos religiosos o de otra índole festiva. Entendemos que es debido a las normas emanadas de la autoridad religiosa diocesana, comúnmente el Obispo, desde finales del siglo XVIII, y que se han perpetuado en el tiempo.

La lectura de un acertado trabajo editado el pasado verano por los investigadores Rafael Simón Abad y David Montolío Torán, titulado “ALONSO CANO, Obispo de Segorbe, y su pensamiento taurino” , basado en el AUTO cuya portada aparece reproducida junto a este artículo,  donde se citan las prohibiciones y forma de realizar los populares festejos, dan pie a nuestra conclusión.

Hemos  consultado otras fuentes, que finalmente también nos acercan al mismo resultado.

LAS FIESTAS TAURINAS

Los toros y el obispo Alonso CanoDesde la Edad Media, las celebraciones de fiestas populares con “toros”  han estado siempre bajo el prisma de condena e intentos de supresión, mencionados en los derechos canónico y civil.

En este aspecto, quizás la Iglesia, las sancionaba y englobaba en una serie de prácticas poco dignas para la vida cristiana. La tradición estaba tan profundamente arraigada, que la supresión nunca llegó a ser total, limitándose la prohibición a  los consagrados, y esto se recoge en el Concilio de Letrán, 1215.

Hay indicaciones específicas en el sínodo de Burgos del año 1503 o de Orense de 1539 donde se cita “que los clérigos no salgan al corro”.

Desde mediados del siglo XVI el tema de los toros y las prohibiciones, se dio tanto en España como en Hispanoamérica. Incluso hasta cuatro Papas promulgaron “bulas” censurando o eliminando los festejos taurinos, incluso con penas de excomunión. Finalmente Clemente VIII en 1596 levantó las supresiones al no ver pena alguna en los participantes en las fiestas taurinas.

Es fácil comprender que de todo este maremagno de posicionamientos, unos a favor y otros en contra, se viese la necesidad de no mezclar festividades religiosas con toros, una forma de no desvirtuar las celebraciones religiosas.

FRAY ALONSO CANO

Obispo de Segorbe, 1770-1780

Nació el 23 de enero de 1711 y vistió el hábito de trinitario calzado, llegó por su aprovechamiento a ser teólogo y ocupó cargos de gran responsabilidad. El 10 de septiembre de 1770 fue nombrado obispo de Segorbe, he hizo su solemne entrada el 8 de diciembre del mismo año.  Falleció en esta ciudad el 7 de abril de 1780.

No es nuestra misión narrar los hechos más significativos del pontificado del obispo Cano, digamos que su labor pastoral fue amplia (fundación del Seminario, mejoró el hospital  y hospicio para enfermos e imposibilitados, dotó de maestros a muchos pueblos de la diócesis que carecían de ellos, fundó la biblioteca, etc.).  Deseoso en todo del bien de sus diocesanos, fomentó eficazmente la agricultura y la industria, dando premios a los que plantaban olivos “cuatro reales por cada pié”.  Estas ayudas aparecen citadas en el libro “Instituciones económicas de Valencia, pag. 38”. En las exequias celebradas por los Padres Trinitarios de Madrid, el predicador ensalzó su labor en beneficio de los labradores.

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Alonso Cano y los festejos populares

Los toros y el obispo Alonso Cano

El obispo Alonso Cano. Foto:IP

Su posición sobre las fiestas profanas era muy escrupulosa, lamentándose de que muchas personas gastasen en un día bullicioso lo que después les faltaba para las necesidades de la familia, perdiéndose muchos jornales (noventa días por las fiestas de pueblo, votivas, de las asociaciones más las fijadas por la Iglesia).  En muchos casos  las imágenes eran paseadas sin las circunstancias prescritas por la liturgia, y se ofrecían como  actos de culto los bailes y corridas de toros.  El obispo  que tanto se esforzaba por el bienestar de sus feligreses, se dolía de estas profanaciones poniendo empeño en abolirlas.

Comenzó por un edicto del 30 de diciembre de 1773 declarando que se podía trabajar  todos los días festivos, con la sola obligación de oír Misa.   En otro edicto del 18 de octubre de 1774 prohibió celebrar las fiestas de los Santos fuera de su día propio, realizando además gastos innecesarios,  mandando a los párrocos que no admitiesen fiestas de otra manera, incluso mando instrucciones de que se suprimiesen a la cofradía en cuestión.

Justo una semana más tarde de la publicación del edicto, se celebró la fiesta de la virgen del Rosario, colocada sobre la puerta baja de la catedral, con corrida de novillos, instalándose el toril bajo la misma puerta y el recinto taurino llegó hasta la puerta de la iglesia del seminario. El hecho incomodó al prelado quién llamó al alcalde para que impidiese el festejo, encogiéndose de hombros la primera autoridad local.

Quizás hoy tengamos los toros en la plaza de la Cueva Santa a consecuencia del hecho relatado. Una fórmula muy “diplomática”  para evitar enfrentamientos entre los poderes locales.

Con este motivo, el 14 de noviembre publicaba un nuevo edicto, renovando el contenido del anterior y agregando este texto “los rectores no admitirán ninguna fiesta sin que el costeante se comprometiese formalmente a no hacer fiesta de calle en ocho días antes ni ocho días después….”

Estos edictos los envió al Real Consejo, el cual mandó que se cumpliesen con fecha 24 de abril de 1775, indicando a las autoridades del reino de Valencia que se hiciesen observar en los pueblos de la diócesis, y vigilasen en los demás del reino contra semejantes excesos.

Alonso Cano trabajó muchísimo en el sentido de dotar a las fiestas de un contenido digno apropiado con la festividad, tratando de separar lo puramente profano de lo religioso. Lógicamente ello le supuso muchos enfrentamientos, de ahí que buscase el apoyo en las autoridades civiles e incluso de otros obispos, para lograr los fines que deseaba. Consiguió corregir costumbres y otras por lo menos disminuyó su frecuencia o lo que en ellas había de irregular y excesivo.

Su celo pastoral queda reflejado en el “AUTO DEL REAL ACUERDO DE LA AUDIENCIA DE VALENCIA…”, donde a petición del obispo de Segorbe quedaban prohibidas las funciones de vacas, novillos, comedias, etc. con motivo de santos, imágenes, y demás que allí expresan. Como no tenían entero cumplimiento, se amplió la normativa por edicto de uno de septiembre de 1778. 

Como colofón de estas medidas citaremos el hecho  de que con fecha cinco de diciembre de 1779, prohibió bajo pena de excomunión mayor la Hermandad de mancebos de la Cueva Santa, y sus funciones.

Este hecho daría pie a la fundación de lo que hoy conocemos como “Asociación de Doncellas Segorbinas de Ntra. Sra. de la Cueva Santa” de Segorbe.

Conclusión

Los avatares de la vida han hecho que a lo largo de los años las costumbres hayan cambiando y modificándose conforme al momento contractual, pero es significativo que la estructura de nuestras fiestas mayores sigan manteniendo un marco de festejos diferenciador entre lo puramente religioso y la parte más “bulliciosa” que significan los “días de toros” en nuestra comarca. ¿Se lo debemos al obispo Alonso Cano?.

Es significativo también que entre los muchos obispos que cuentan con calles en la ciudad de Segorbe, concretamente Alonso Cano, no tenga  una con su nombre, cuando está demostrado que luchó y trabajó en pos de sus feligreses, e incluso dio dinero, lo que hoy llamamos subvenciones al olivo, para que los agricultores de su diócesis mejorasen su productividad y con ello conseguir un mayor nivel de vida al aumentar la rentabilidad de sus campos.

Modestamente pienso que sus enfrentamientos por dignificar las fiestas religiosas y separarlas de los actos profanos, hizo caer en el olvido su gran labor pastoral en beneficio de los habitantes de la diócesis. Quizás sea también el reflejo del refrán: “del Obispo y del Gobernador, contra más lejos,  mejor”.

Por último, estimado lector, si quieres conocer más y mejor al obispo Cano, busca en las páginas de “Noticias de Segorbe y de su obispado” cuya autoría pertenece al obispo Aguilar.

Los toros y el obispo Alonso Cano

C. Laffarga Civera