ECOGRAFIA DE UNA VERRUGA EN EL HORIZONTE

Ustedes no saben queridos lectores -por eso quiero contarlo- que desde hace una temporada, mis amigos o conocidos, cuando se acercan contentos y felices a nuestra ciudad, ya no miran los carteles indicativos de la autovía para adivinar la proximidad a nuestra ciudad. Me comentan jocosos que miran el horizonte y al contemplar el paquete azul que ha crecido en la línea de las montañas y colinas cercanas a la Esperanza, ya saben que están cerca de comerse esa paella que les hemos ofrecido.

Y mira por donde, estoy pensando esta mañana que debo estar menos dormido que otras, ese elemento nos ha surgido sin coste alguno (bueno, mi avispado hijo me indica que nos ha costado una calle) un novísimo edificio que día a día lleva el camino de hacerse emblemático… Si esto llega a ocurrir, convendrán conmigo que ya no nos privaremos de nada. Ya no tendremos que envidiar a los parisinos porque muestren y pinten su Torre Eiffel o a los neoyorkinos porque nos enseñen orgullosos su Estatua de la Libertad… En esta mi ciudad ducal ya tenemos el Paquete Azul y poco a poco -haciéndose tan cotidiano y familiar como cualquier verruga de la cara- va entrando en nuestro imaginario colectivo, se va metiendo en nuestras fotos y, en mi caso -debo ser más facilitario- hasta en nuestros sueños. ¡En serio! Hace unas noches el inexplicable camino de los momentos oníricos me llevaba etéreo a los pies de aquel edificio y allí, alerta y vigilante, una antigua alumna que no debía tener un mal recuerdo mío, ya crecida y metida a guardia de seguridad del prisma mentado, tenia la deferencia de dejarme entrar y yo, gozando en su interior y abriendo unos ojazos que no poseo, me ponía a probar con deleite infantil zumos, purés, horchatas y gazpachos con una curiosidad tan insaciable como gratuita…

EL PAQUETE AZUL 

El paquete azul

Desde la calle La Esperanza. Foto: J.Plasencia.

Ahora, cuando bajo por la calle de la Esperanza en dirección a mi casa, alzo la vista si el viento invernal me lo permite y alabo vivir aquí porque puedo otear dia tras día esa enorme caja de cerillas, agradezco que no se haya inventado ninguna pantalla vegetal que pueda enmascararla y, pienso que tenemos que estar en deuda hacia los técnicos medioambientalistas, siempre tan pertinentes, que seguramente estarían de vacaciones aquellas semanas en que la compañía de caldos diseñaba el proyecto básico y el de ejecución y se lo aprobaban sin importar que se alzara tropecientos metros. ¡Estaban poniendo el embrión de nuestro edificio singular!

Unos cuantos amigos que somos andariegos estamos comprobando, en nuestras placenteras excursiones semanales y comarcales, que es visible desde el pico del Águila, del Espadán, desde Peñaescavia, Santa Bárbara de Pina y otras muchas alturas. Esta circunstancia seguramente promoverá y propiciará el turismo comarcal para buscar atalayas singulares y conseguir fotos originales. De hecho nosotros ya tenemos fecha para subir al Peñagolosa deseando confirmar su lejana visibilidad. También mandaré un correo para que desde la Estación Espacial me remitan la foto con el dado.

Uno, que es receloso y teme las envidias ajenas, está convencido de que pronto en el resto de los pueblos y villas de la comarca desearán asumirlo como lo que es: un monumental paquete y quizás se atrevan a programar peregrinaciones en las fiestas patronales… Habrá que conciliar fechas, esperemos la ausencia de asperezas y que la empresa propietaria regale zumos que no tengan próxima la fecha de caducidad.

El potencial del Paquete Azul es inacabable. También lo imagino asaltado por nuestros creativos graffiteros y diseñando una atmósfera estacional en cada cara, es su oportunidad de saltar a la fama si llegan a crear una gioconda comarcana…

Después de todo lo escrito, sé que no pasará, porque intuyo que con este artículo he puesto esa bicoca en valor y a un nivel difícil de aquilatar, pero si pasase, si alguien me otorgase un título en papel con su total propiedad, no lo dudo, cogería el Paquete Azul, lo envolvería con sumo cuidado en un papel atractivo y… lo regalaría.

Manuel Vte. Martínez.