5 de abril

Mi madre sintió los primeros dolores camino de Las Fontanicas, mientras mi padre andaba cavando naranjos en Sagunto. Doña Vicenta, la matrona, me ayudó a venir a esta tierra fronteriza. Hoy hace 59 años.

Cuando intento ser justo conmigo y con mi vida, he de reconocer, sin ningún género de duda, que he sido un hombre afortunado. He tenido amor y he tenido amigos. En la hora más austral de la lujuria, en la cúspide silenciosa del dolor, en la trémula luz de los amaneceres he tenido amigos de los que esperan que resistas, que les ayude tu alegría. He tenido amigos y he creído que merecía la pena seguir viviendo por ellos. A veces, he reunido unas cuantas palabras para agradecérselo.

… sea vuestra alegría,

por saberos fuertes,

quien me entierre.

Sería una torpeza por mi parte hacer inventario alfabético de sus nombres y apellidos: siempre habría un olvido imperdonable.

Por eso los evoco haciendo lo único que sé: escribir, poner palabras a la emoción de mi sangre cuando pienso en cada uno de ellos. Al estremecimiento que me sacude los adentros cuando rememoro sus palabras de aliento en las horas de tribulación, la temperatura de sus manos acariciándome la cabeza cuando ya nada se espera personalmente exaltante, sus miradas cómplices cuando la vida me ha sonreído.

Gracias a quienes me acompañaron por los barrancos y las acequias jugando a indios y vaqueros o a moros y cristianos, según la moda que marcaba la cartelera del cine Aragón. A quienes compartieron conmigo las dulces horas de las tertulias en las eternas noches de La Glorieta. A quienes se alegraron de mi alegría, a quienes lloraron con mis lágrimas.A quienes me hicieron creer que hay otros mundos pero están en éste; que hay otras vidas pero están en cada uno de nosotros.

Gracias.

Por todo.

José Manuel López Blay

José Manuel López Blay

5 de abril

José Manuel López Blay