Altura: Bonifacio Ferrer, la Virgen de la Cueva Santa y el compromiso de Caspe

Se cumple el 600 aniversario de la muerte de este ilustre valenciano, vinculado a nuestra Cartuja de Vall de Crist y muy relacionado con la devoción a la Cueva Santa. Aun con todo, su vida continúa eclipsada por la santidad de su hermano, San Vicente Ferrer. Quizá por ello, aun con un año de retraso, la Asociación Cultural Cartuja de Valldecrist y el Departament de Historia del Arte de la Universidad de Valencia y el Instituto de Cultura del Alto Palancia celebran una serie de actividades con el título de “Bonifacio Ferrer (1355-1417) y su tiempo”, que pretende conmemorar el VI centenario de la muerte de una de las personalidades valencianas más destacadas de la baja Edad Media en el contexto de la Corona de Aragón.

Fray Bonifacio Ferrer (Valencia, 1350 – Altura, 1417) cursó estudios en la universidad de Perusa y la de Lérida, regresando a su tierra natal para ejercer diversas funciones oficiales en nombre del ayuntamiento valenciano y actuar como embajador del Reino de Valencia.

Tras la muerte de su esposa y de nueve de sus once hijos ingresó, probablemente por la influencia de su hermano, en el monasterio cartujo de Porta Coeli (Serra, Valencia). Escribió algunas obras en latín, pero uno de sus reconocimientos, su obra más importante, fue la traducción al valenciano de la Biblia a partir de la versión latina conocida como Vulgata, elaborada por San Jerónimo, y su posterior publicación, siendo uno de los primeros libros en ser impresos en la península Ibérica, a manos del célebre impresor Lambert Palmart.

Posteriormente ingresó en la Cartuja de Vall de Cristo, en la que llegó a ser prior mayor. El 29 de abril de 1917, con motivo de los 500 años de su muerte, sus restos que, en un primer momento, tras su fallecimiento reposaban en la Cartuja de Vall de Crist, en el nuevo cementerio situado en el Claustro Mayor de esta Cartuja, a los pies de la Capilla de Almas, y posteriormente depositados (13 de abril de 1895) en la Iglesia de San Miguel Arcángel de la Villa de Altura, fueron trasladados al Santuario de la Cueva Santa donde reposan desde aquel momento.

ESCUELA DE DANZA

 

A él se vincula una tradición colectiva, perpetuada por siglos, la de la imagen de una Virgen, un relieve en busto, que irrumpe con gran fuerza como devoción con el renombre de la Cueva Santa en tiempos de Felipe II (1556-1598) y durante el episcopado de Ruiz de Liori (1579-1582), impulsada por los prodigios que se atribuían a sus aguas, en su intervención en rogativas solicitando lluvia (también se cumplirá el 7 de mayo de   1793, los 225 años de una de las traslaciones de la imagen de nuestra Señora de la Cueva Santa a Segorbe), lo que llevó a grandes concentraciones de gentes y, con la colaboración del canónigo Jerónimo Decho y su familia, que era la propietaria del lugar donde estaba la cueva con la imagen, quienes construyeron un pequeño altar y una reja que lo cerrase, se iniciaron la celebración de cultos en aquella estancia.

Se entenderá por esa importancia que estaba adquiriendo el lugar y la devoción, que 1592 la Cartuja de Vall de Cristo, concretamente un 3 de junio, tomará posesión del Santuario alegando que eran señores naturales de esta villa y por tanto les correspondía la dirección y administración. Hace pues ahora 425 años, el 19 de enero de 1593, cuando la diócesis segorbina, por mediación de Juan Valero, iniciaba un proceso contra el cenobio, declarando contra el espolio de la Cueva Santa por los cartujos. Durante los siguientes meses, hasta marzo, tuvo lugar la última declaración de testigos por el caso de la Cueva Santa. El 2 de junio, el obispo Juan Bautista Pérez los denunció por edictos, intimando a los monjes que se retiraran de la Cueva y nombró un visitador especial para hacerles cumplir lo ordenado. Se estructuraba de este modo, todo lo relacionado con el incipiente culto y devoción del lugar.

Retomemos a Bonifacio Ferrer. La relevancia de su persona le permitió ser uno de los tres representantes del Reino de Valencia, junto con su hermano San Vicente Ferrer y Pedro Beltrán, en el compromiso de Caspe (1412), por el cual se decidió la sucesión de Martín I de Aragón, a causa de haber fallecido este sin descendencia. Del proceso de aquellos días, se realizaron tres actas, o tres copias, una para cada reino (Aragón, Cataluña y Valencia) de la Corona de Aragón. La perteneciente a Valencia se la trajo Bonifacio Ferrer, conservándose en el archivo de la Cartuja de Altura. Con la desamortización del cenobio, el manuscrito fue depositado en el archivo de la Catedral de Segorbe, donde actualmente se encuentra.

JOYERIA ROYO
RODOLFO Y VENTURA
ESCUELA DE DANZA

 

Se cumplen en este 2018, 50 años de la edición y estudio de aquel manuscrito (1968, mayo), cuya autoría fue del canónigo archivero de la Catedral de Segorbe, Peregrín Llorens y Raga, y que fue patrocinada por la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Segorbe. La obra, transcribiendo del latín al castellano y con comentarios de determinados aspectos y circunstancias, acercaba a los historiadores y los interesados lo ocurrido en la villa aragonesa para designar al sucesor del rey Martín el Humano. Como curiosidad para los interesados en este momento, otra personalidad ilustre palantina (de Algimia de Almonacid), Francisco M. Gimeno Blay, catedrático de Paleografía y Diplomática de la Universidad de Valencia, es el autor del estudio y la edición crítica de El Compromiso de Caspe (1412). Diario del Proceso (2012), de los tres manuscritos que actualmente se conservan y narran los acontecimientos que precedieron a la elección de Fernando de Antequera como nuevo rey de la Corona de Aragón. En 2014, volvió sobre aquel momento con Una corona, set aspirants. Casp 1412.

Y de nuevo volvemos a nuestro cenobio cartujano. Dos aniversarios, aunque puedan parecer menores, se celebran en este año. El 29 de septiembre de 1643, o sea 375 años de ello, el Padre Joaquín Alfaura profesó en la cartuja de Vall de Crist. Su gran aportación fue la obra Anales de la Real Cartuja de Valdecristo. El otro, son los 275 años (1743) de la compra del Mas de Valero por la Cartuja.

Dr. Patxi Guerrero Carot – Fotos: José Plasencia

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