Ahora, cuando me han dado, y he recibido con mucho agrado, el permiso para pasear por nuestras calles y nuestros parajes, cuando he respirado los rumores del Palancia tan distintos a los artificiales aromas enlatados del super, me he llevado la sorpresa de encontrarme con la gran división surgida entre los segorbinos.

Nos hemos convertido en dos tribus: los caradesnudas que te saludan con esa alegría de encontrarte, de tener noticias alentadoras sobre tu buena salud y la de tu entorno, de regalarte un abrazo en la distancia y un beso lanzado al viento del que te llega su calor pero no su humedad y los caratapadas que te van ofreciendo las mismas carantoñas que la otra tribu, pero que además quieren regalarte la seguridad de que no van a ser ellos los que te transmitan sus salivas sospechosas.

A las dos etnias les agradezco sus buenas intenciones y las acojo con simpatía y las introduzco en el joyero de pequeñas cosas valiosas, pero sabiendo que los caratapadas -están desarrollando la misma competición, la misma carrera y persiguen el mismo fin, alcanzar la luz tras esta pesadilla sin merma en su salud- van mejor posicionados, su complemento vitamínico contiene una energía protectora que hay que saber valorar.

Ahora, que el ayuntamiento que somos todos nos va a ofrecer una mascarilla para cada ciudadano/a, ya sabemos y se lo podemos decir a Sabina, quién nos ha robado el mes de abril, ese que guardábamos en un rincón donde anida el corazón…

Ahora, que también hemos abandonado trabajos, viajes, presentaciones de novelas y además hemos descubierto que además nos están robando Sopeña con unas cintas blanquirrojas y el Castillo con unas obritas de más es menos, ahora que convivimos con la tristeza de conocer la lejana distancia donde se halla una meta llamada erradicación, es el momento de posicionarse y aunque muchos estamos encantados de convivir siempre con la dulce melancolía del perdedor, aquí y ahora, ahora y aquí, aconsejo -convencido de que un consejo es similar a una carta cuyo destinatario se llama papelera- que todos nos convirtamos en unos caratapadas gustosos de saludarnos distantes pero próximos, por el Puente Nuevo o la Glorieta, en el banco o en la panadería, aunque no descubramos si llevamos los labios bien pintados o la barba de seis días mal contados.

Disculpadme, porque mientras escribo estás ideas, lo hago siendo un cara desnuda, aunque me comprometo a cambiar de tribu al ocupar esta tarde mi porción de calle.

Manuel Vicente Martínez

RODOLFO Y VENTURA
JOYERIA ROYO