BAJO LA SOMBRA DE UN VIEJO ALCALDE

Ayer, para mí solo ayer, marchando de excursión por la masía de Tristán, encontramos una plantación de pinos piñoneros. Nos resultó tan curioso ese tipo de conífera en estas latitudes, que les propuse a mis hijos -entonces unas caras infantiles y risueñas- reproducirlo con los piñones que había por el suelo y plantarlo en nuestra huerta con caseta. Así lo hicimos y en el momento del trasplante me vino el pensamiento de que cuando ese pino diera una gran sombra ya sería un viejo. El tiempo ha ido pasando, ellos han ido creciendo y sin apenas cuidados el pino ya es tan hermoso como el que más, da sus piñas, que las ardillas consumen en su mayoría y crea un entorno fresco a su alrededor.

Hacia algo similar se me escurría el pensamiento durante el tiempo que ejercí la emocionante profesión de docente. Al finalizar mi tiempo de enseñanza con cada promoción, me preguntaba en qué quedarían aquellas personas entrañables para mí, cómo evolucionarían… Me imaginaba siempre médicos, ingenieros, docentes, mecánicos, funcionarios… pero jamás se me ocurrió pensar que una de aquellas personitas incluso pudiera ser Alcalde. Pero, al igual que en la anécdota del pino, también ha sucedido. En mi cabeza, sólo en mi cabeza, aún guardo los recuerdos de nuestro flamante elegido, Rafa Magdalena, en el aula, los compañeros/as que le rodeaban, su sentido de la responsabilidad y sus brillantes notas… Y está sólo en mi mente porque en aquellos iniciales años ochenta, las orlas y ceremonias académicas sólo existían en las peliculas made in USA.

Bueno, yo no sé si es conveniente, oportuno o tan siquiera prudente crear un artículo que está a caballo entre contar batallitas o retornar a la docencia. Además nadie me asegura que cada frase y cada palabra que refleje llegue a ser bien entendida. Pero cuando uno ya ha plantado un árbol y este se ha convertido en un colosal ejemplar de la naturaleza, muchas reticencias se convierten en minucias. Es la ventaja, llena de inconvenientes, que te da la perspectiva del tiempo…

Por eso, con la alegría que me da el conocer quién ha sido el sucesor de un alcalde cuya memoria, cuya gestión, será imborrable durante varias generaciones en nuestra ciudad, me quedaría muy contento si el primer edil recién llegado fuera capaz de no hacer borrón y cuenta nueva; si ejerciera su inteligencia congelando los consejos que le puedan lanzar aquellos que estén soñando con una revancha siempre estéril; que responsablemente asuma la herencia encontrada, analice como hay que moverse por despachos, empresas, consellerías; y no ignore de su antecesor más allá de los conocidos y reincidentes tics que la ciudadanía rechazaba. Para un independiente como él, puede ser la mejor senda en la que encontrar ese personal estilo de gestión municipal, siempre eficaz, al que debe aspirar. Y aunque esté preocupado por la envergadura de la tarea, que no se preocupe, cuando se equivoque puede recordar que todos nos equivocamos, pero son mucho más asumibles los errores si la decisión tomada no ha mordido en su conciencia. Y que tampoco se preocupe por estas líneas, pues suponiendo que lea mis sugerencias, no me va a tener que escuchar más, que yo abandono esta docencia ocasional para el resto de la legislatura.

Bajo la sombra de un viejo alcalde

 Manuel Vte. Martínez.

[useful_banner_manager banners=20 count=1]