Esta es una reflexión de articulista de opinión de InfoPalancia, Manuel Vicente Martínez, que siguiendo el hilo de los consejos de la OMS sobre las carnes procesadas nos guía hasta los «chorizos» políticos.

En esta ciudad ducal y episcopal, desde el siglo anterior veíamos que entre las carnicerías -en tiempos pasados algún establecimiento se anunciaba como carnecería– más boyantes y concurridas aparecían dos que se anunciaban como “La Diabla” y “La Santa”. De niño, con esa ingenuidad con la que elaboras los pensamientos infantiles, me preguntaba si era el obispo de aquí, a la sazón el catalán Pont y Gol, el que había impuesto esos títulos a los dichos comercios; ya más crecido deduje que fuese como fuese el origen de los nombres, en realidad eran una buena nomeclatura comercial, un pronunciamiento muy enraizado en el vocabulario del catolicismo de la época, unos términos religiosos que no dejaban indiferente a nadie.

Y la estrategia no debió de ser mala porque ambas tiendas han sobrevivido a los avatares mercantiles, a los insaciables supermercados y siguen ofreciéndonos en el siglo XXI esas magníficas carnes procesadas -bueno, prefiero llamarlas embutidos- que tantas veces nos han permitido disfrutar de una excelente comida si las compañías eran las adecuadas y que han ayudado a la longevidad local, tal como se manifiesta en la edad de nuestros difuntos segorbinos que cada mes comprobamos leyendo la prensa municipal.

Desde pequeñin me han gustado las carnes bien procesadas, primero las de mis vecinitas, luego las de las amigas pandilleras y al final y eternamente la de mi señora, siempre he sabido que podían resultar arriesgadas, pero nunca nocivas.

Desde luego que a estas alturas, encontrarse con que la OMS – dicho despacio suena a religión oriental belicosa- nos venga advirtiendo de lo letal que son nuestras galardonadas morcillas de pan y nos las coloque en la misma categoría que al tabaco me hace pensar que pueden ser capaces de aconsejar que, tras venderlas, las envuelvan en un papel con el terrorífico mensaje de que esas carnes porcentualmente producen… ¡malas leches!

Uno que es corto de vista, pero que le gusta ver algo más allá -el subjetivismo del mensaje objetivo- no deja de pensar que se empeñan en convertirn este irrepetible y hasta hoy maravilloso planeta en un valle de forzosas lágrimas y lamentaciones. Nos han lanzado un mensaje a captar: hay que tener miedo a lo cotidiano.

Esta OMS llena de científicos, de los que no me permito dudar de su sabiduría, pero que no han sabido matizar adecuadamente el alcance de sus investigaciones, pretende darnos consejos sobre chorizos indigestos a nosotros, a nosotros que somos una comunidad que desgraciadamente lleva años sufriendo la repelente pestilencia de la carne procesada con productos tan de supermercado de saldo como Rafael Blasco, Carlos Fabra, Rodrigo Rato, etc, etc…. ¡Vamos anda! ¡Camarero, un bocadillo de jamón, bacón y pimientos!

Carnes procesadas

Manuel Vte. Martínez.