©  Cipreses y naranjos en el claustro en el s.XVIII .-

Los que, como yo, peinamos canas, aunque escasas, y gracias, y muchos de los que todavía tienen el peligro de ver invadido su cuero cabelludo por pequeños insectos no deseados, recordamos como en el patio claustral de nuestra S.I. Catedral, además de rosales, setos y otras pequeñas plantas arbustivas, se elevaba un enorme ciprés de tipo piramidal que sobresalía de los tejados, y algunos naranjos grandes, cuatro o cinco, que llamábamos bordes porque su fruto era mucho más amargo que el del naranjo “dulce”.

No recuerdo exactamente, pero el ciprés, símbolo de la inmortalidad y la hospitalidad y habitual custodio de las tumbas de los cementerios, murió hace unos veinte años, por una enfermedad que, sin ánimo de insultar y con perdón, se denominaba por los técnicos phytophthora. Por su parte, los naranjos fueron eliminados a mediados de 2001 con motivo de las excavaciones arqueológicas que se realizaron para la exposición de La Luz de las Imágenes.

ESCUELA DE DANZA
Cipreses y naranjos en el claustro en el s.XVIII

Claustro catedralicio. Foto:R.Martín

Cuando el ciprés murió, hubo que trocear su tronco y copa para poder transportarlo, y los que lo hicieron comentaban que su edad fácilmente superaría los dos siglos. Ciertamente en alguna ocasión se ha planteado alguna duda de cuándo se plantó el singular ejemplar.

Hoy, entre los libros de fábrica del Archivo de la Catedral, hemos encontrado un dato que nos puede desvelar la antigüedad no sólo del ciprés sino también de los naranjos bordes.

Parece ser que en 1703 el Cabildo Catedralicio se planteó una remodelación del patio del claustro que por los datos hallados, suponemos que afectaba especialmente a la jardinería.

Ignoramos porqué se hizo dicha reforma, pero el hecho es que en el mismo año encontramos un primer pago de 8 sueldos por cavar el huerto y sacar las piedras que habían en él; otro pago de 1 libra y 17 sueldos por la compra de nueve naranjos “para el huerto del claustro”; y por último un pago de 12 sueldos “por plantar los cipreses y arrancarlos y traerlos” de un lugar desconocido (la lectura del texto me resulta indescifrable).

Es conocido (Peregrín Llorens) que al menos desde el siglo XV ya había naranjos en el claustro y no me puedo arriesgar a confirmar que los plantados junto con los cipreses en los primeros balbuceos del siglo XVIII eran los mismos que nosotros hemos podido conocer, pero teniendo en cuenta la antigüedad que se atribuyó al ciprés talado, no sería de extrañar que la referencia documental sea precisa datación al momento en que fueron plantadas ambas especies.

Cipreses y naranjos en el claustro en el s.XVIII

Rafael Martín