Crónicas de la escuela en AlturaConocí a José Manuel López Blay de boca de mis compañeros y compañeras del IES Cueva Santa de Segorbe. Su paso por allí dejó la impronta de los importantes, entre el alumnado y (esto es más complicado) entre sus colegas de profesión, quienes afirman que los claustros de ahora son menos interesantes. Al poco de instalarme en mi nuevo destino, asistí a un curso en el que López Blay, que lo abría, destacó entre los ponentes, precisamente con el tema que le ha ocupado en los últimos tiempos y que sintetiza el título del libro que presentó el pasado sábado en Altura: “La escuela en blanco y negro. Altura 1900-1970”.

Conocedor ya de su trabajo y de algunos textos siempre de provecho que va administrando por redes sociales, visité en cuanto se pudo la magnífica exposición que comisarió junto a Trini Carot en la sala Manolo Valdés de la misma población el pasado verano. Aquella especie de túnel del tiempo que se nos proponía fue el primer acto cultural público que disfruté tras el confinamiento, y al que le dediqué un artículo en esta publicación.

Llega finalmente este libro notablemente editado por el Ayuntamiento de Altura, que recoge textos del autor y algunas de las fotografías seleccionadas para la exposición y que López Blay sigue recogiendo y rastreando por cualquier medio para confirmar que en su pueblo no se equivocaron nombrándolo cronista oficial.

Acompañaba al autor el sábado en la mesa de presentación, además de las autoridades locales, su querido maestro (en la más amplia acepción del término) el catedrático de Historia de la Universidad de Valencia, Alejandro Mayordomo, uno de sus principales referentes y guías en el proyecto. Destacó este de la obra de su discípulo la labor de rigurosa documentación previa realizada y el valor universal de la obra, que la coloca un peldaño por encima de publicaciones locales y localistas de este tipo, sustentadas básicamente por la emotividad y el “agrado a la parroquia”; algo que tampoco se echa a faltar en esta.

Tomó finalmente el micro José Manuel, mientras volaban erráticos los pájaros (vencejos o golondrinas o aviones, siempre necesitaremos un maestro), para agradecer el apoyo recibido de quienes han hecho posible llevar a buen puerto el libro, especialmente el Ayuntamiento de Altura. En una exposición muy bien ajustada y clarificadora de su primera publicación como cronista del municipio, confirmó a familiares y amigos, a vecinos, a exalumnos y a muchos docentes que se dieron cita bajo un cielo amenazante, que lo suyo es la pedagogía como orador y como activista (pese a su reciente retirada de las aulas) de la educación en general y de la escuela pública en particular. Sin ir más lejos, las dos últimas afirmaciones del maestro de Altura fueron dos proyecciones hacia el futuro: la sugerencia a los arquitectos de obra pública para adaptar las construcciones académicas a los nuevos tiempos (“Menos muro y más espacio abierto”) y la promesa de prolongar este bonito y pertinente proyecto de recuperación de la memoria de la escuela, documentando el periodo siguiente: aquellos tiempos, tal vez sobrevalorados por la distancia, de la E.G.B.

Héctor Hugo Navarro – Fotos:José Plasencia

JOYERIA ROYO
RODOLFO Y VENTURA