©  Cuaderno de rotación .-

Cuaderno de rotaciónDe entre los recuerdos de mis años escolares, emerge una imagen nítida que me ha acompañado a la largo de toda mi vida. Es lunes. 14 de noviembre de 1966. Mi primer año en la clase de don Jaime y la primera vez que voy a enfrentarme a una de las pruebas de la que tanto había oído hablar a mis amigos mayores. Hoy soy el encargado de cumplimentar el Cuaderno de Rotación. Estoy nervioso en la fila, esperando que suene el timbre de entrada. La frente perlada de sudor, a pesar de que la temperatura en el patio no pasa de los diez grados. Se hace eterna la espera; aunque por un instante deseo que no suene nunca ese timbre que me arrojará a la palestra sin misericordia. Pero el timbre suena. Entramos. Silenciosos. Dóciles. Entrenados para obedecer. En la pizarra ya está escrita la fecha. El alumno encargado observa la temperatura exterior e interior: diez grados y medio; catorce grados.

El maestro anota con caligrafía preciosista la consigna que ocupa una de las pizarras: «Sé magnánimo». Breve. Contundente. Inescrutable, para mí que tengo apenas nueve años.

Don Jaime me llama a su mesa. Me acerco con temblor en las piernas y recibo ceremonialmente el Cuaderno de Rotación, como si fuera uno de los pergaminos de la biblioteca de Alejandría. Dispongo los útiles sobre el pupitre. Anoto la fecha y las temperaturas. Saco de mi cartera un cuadernito delgado donde he ido anotando modelos de letras capitales para poner un título colorido: CONSIGNA. Luego escribo con trémula caligrafía: «Sé magnánimo». Y copio, con extrema atención para no cometer alguna falta que me haga ganar una reprimenda o un cachete, o ambas cosas, el breve texto con el que don Jaime intenta explicarnos el críptico mensaje que oculta aquella oración imperativa de tan solo dos palabras.

ESCUELA DE DANZA

Luego la rutina escolar hace que la mañana transcurra pasando al cuaderno el problema de Aritmética, el análisis gramatical — La bandera ondeaba a media asta en el balcón del Gobierno Civil — , sintáctico y morfológico. Para acabar la jornada, en el silencio claustral de la tarde, he de copiar un texto conmemorativo sobre El Día del Dolor —El próximo domingo, 20 de noviembre se cumple el 30 aniversario de la muerte de José Antonio Primo de Rivera— que ilustro con un dibujo de la Enciclopedia Álvarez. Una cruz, que surge de entre una nube, rodeada de estrellas —el Frente de Juventudes recuerda en este día al fundador de la Falange a todos aquellos que dieron su vida por Dios y por España—. Punto final. Firmo y rubrico. Me acerco a la mesa del maestro, que corrige un par de errores sin demasiada entidad, deslizados a pesar del esmero que he puesto y estampa su firma en rojo junto a la mía. He sobrevivido al Cuaderno de rotación.

José Manuel López Blay