Desvelado por algún problema de esos que todos arrastramos hoy sí y mañana también, me ha dado por pensar, mejor por repensar, en algo de actualidad, lo necesarias que son las fiestas de un lugar, lo imprescindibles que resultan, que los gobernantes ya las ofrecían a sus ciudadanos desde tiempos antiquísimos. Aquí todos recordamos el circo romano. Al hilo me viene a la cabeza un estrambótico y agudo adagio que se preguntaba:

“Si tu casa se quemara, en tu culo un avispero y tu mujer con un cura… ¿adónde acudirías primero?

¡De fiestas!

Rosario Rarro. Foto: J.P.

¡De fiestas!

Juan Plasencia. Foto:J.P.

Es el A B C de priorizar las situaciones. También mentando las fiestas, ya que es cuestión de ordenar los recursos públicos, podría pensarse que es más justo relegarlas y dedicar esas cantidades a gente marginal para recuperarla hacia la sociedad, para tener una mejor asistencia a enfermos, ayudas a vecinos con dificultades para pagar recibos, etc. etc. etc…

Pero no se hace, Porque sabiendo de su poder aglutinador, de como las fiestas añaden una conciencia de pertenencia e identidad y además son un periodo liberador de tensiones sociales, debido a estos valores no cuantificables, cada año nos llegan las fiestas casi septembrinas.

Y bienvenidas, porque así pudimos escuchar a nuestro flamante alcalde indicar que se siente pueblo y al pueblo le agradece que se celebren y se disfruten. También nuestra querida Rosario Raro actuando como mantenedora y escritora recordó que va llevando el nombre de esta ciudad ducal por la agrietada España y se mostró agradecida al haber nacido entre estos lugares y estas gentes. Igualmente las reinas entrantes y salientes nos supieron trasmitir las emociones vividas, las expectativas puestas en esa responsabilidad que les parece deliciosa e irrepetible… ¡Qué madurez desde niñas!

Y además el irrepetible Juan Plasencia, mantenedor infantil, supo convertir su esperado discurso en una inesperada y deliciosa actuación de club de la comedia, donde aludiendo con su toque personal a las claves segorbinas, consiguió que el público, la corte infantil y él mismo fueran una piña. Me quedo con su magnífica alusión al manantial de la Esperanza…

Y creo que voy a dejar el artículo, que ya me va entrando el sueño y aún nos quedan muchas fiestas…

¡De fiestas!

Manuel Vte. Martínez.