Deseos para 2016

Cualquier año de estos, quizás sea éste que va a comenzar, un cerebrito bien amueblado inventará la máquina capaz de medir el dolor. Inmediatamente otro cerebrito de la casa vecina, usando su tiempo en algún doctorado o en algún periodo de becario explotado, aplicará un algoritmo a ese dolorímetro para que calcule el dolor sufrido por la humanidad desde el momento que dejamos de hacer el mico y nos bajamos del árbol. La máquina cogerá impulso, comenzará a echar un humo escalofriante calculando todos los dolores de muelas padecidos, más los horrores de las hogueras de la Inquisición y matanzas de otras confesiones religiosas -me gustó la frase de Saramago que reflexionaba que matar en nombre de Dios era convertirlo en un asesino-, más las agonías de los combatientes fallecidos en las épocas del Cid, más las agonías de los agonías, más… más… más…

Para entonces, estoy convencido, no dejaremos de tener alguna aplicación en el reloj inteligentísimo que portaremos en el brazo, ese que además de medirnos la tensión, la glucosa y el ritmo cardiaco, sea capaz de memorizar todas las risas y los momentos felices que pasamos cada día, cada semana, cada año…

Pensando en este segundo invento, pensando en que otra becaria pasará dos noches sin dormir programando un sumatorio de todos los momentos felices y risueños vividos, me ha surgido el deseo de que, tras hacer la resta entre los dolores y las risas de la humanidad, cuando se nos ofrezca la estadística resultante, ganen los buenos momentos por goleada , al menos en nuestro ámbito comarcal, para eso nace este artículo.

Para proponeros que ahora que va a comenzar un nuevo año, creo que el 2016 ¡qué mayor me estoy haciendo! seamos capaces de procurarnos los lugares y las personas que nos aporten suficientes momentos agradables; seamos capaces de eliminar esas nieblas que se forman en el cerebro conduciéndonos hacía lo negativo, hacia lo peor de nosotros mismos; seamos capaces de encontrar el tiempo necesario para reflexionar sobre lo que nos beneficie a nosotros que no siempre coincidirá con las indicaciones que nos dirigen otros…

Yo no sé si algún día llegaré a ver esos artefactos o si ya hay prototipos secretos en el MIT, pero intentaré disfrutar el año venidero con todas las pequeñas cosas de mi entorno, con todas las personas cotidianas que me rodean, que por cotidianas son queridas, pensando en aportar mi grano de risas a esa máquina tan fantástica como inútil.

Deseos para 2016

Manuel Vte. Martínez