Los sellos dan rostro a «Doña María de Luna»

Sueño con escribir y luego escribo en mis sueños. No hace mucho escribí sobre ti, mi Señora. Mi Reina. Y escribí con pulso tembloroso pero firme. Te imaginé envuelta entre finas sábanas, de pie, al alba, asomada bajo el pórtico del ajimez de tus aposentos. Te imaginé en una fresca mañana de un 20 de Marzo de 1373 mientras que, moros, judíos, y algún que otro converso, desde los extramuros de la ciudad segobricense, se apresuraban a mirar hacía oriente siguiendo la llamada del mu´adhdhin, que, entre luces, había lanzado al cielo esa llamada rota, esa especie de lamento, convocándolos e inclinando sus cuerpos y murmurando el Fajr. Pero las ensordecedoras campanas de aquel primer campanario, enmudecían estos murmuros. Las campanas del cristianismo también llamaban a laudes a todos aquellos que se cobijaban bajo la sombra de la cruz.   Mientras tanto, tú esposo, Rey y Señor Martín I de Aragón, se abrazaba a tú cintura bajo el pórtico de ese ajimez cuando el sol rompía las tinieblas de la noche por los picos de la Sierra de Espadán. Segorbe se despertaba a tus pies…

Andabas de novenzana, y te imaginé, con el permiso de esta, mi torpe pluma, más mujer que Reina, más bella que Señora, más segorbina que aragonesa. Y, como bien dicen las crónicas de la época, fuiste mujer noble. Y de estas crónicas, dan bombo y platillo a tú bondad caritativa y sobre todo a ser gran amante de la justicia.   Me cuentan en ellas, en un susurro que me sabe a gloria, que fuiste elegante y austera.   De profundas convicciones religiosas. Que tú gran pasión era la música y que estabas enamorada de la lectura.   Que complice me haces sentir…

En este pasado mes de Junio hubieras celebrado tú 645 aniversario de bodas con tú querido Martín y, ojalá estás, mis pobres letras fueran lo suficientemente magnánimas como para ofrecerte grata ofrenda. Para ello han estado en cierta medida acertados historiadores y cronistas, pintores, escultores y hasta músicos dándote vida hasta nuestros días dentro del recuerdo y en el transcurrir inclemente de los tiempos, aumentando tu paso y huella por este, tú pueblo, tú tierra, tú Segorbe.

Te imagino con letras pues. Como te han imaginado el resto de artistas, con restos de pequeñas memorias escritas en vetustos pergaminos e incunables. Te imagino dentro de ese pequeño quimérico museo de formas inconstantes, en ese montón de espejos rotos donde irremediablemente intentamos darte rostro y vida. Así pues, buscando y rebuscando tú rostro, tú imagen, encontramos una “foto” tuya que nos hace realmente felices…

En la “Iconografía de Género: Los Sellos de las Reinas de Aragón en la Edad Media (Siglos XII-XVI)” de la investigadora Dña. Marta Serrano Coll, nos comenta que sólo queda la existencia de “un único sello que ha perdurado de la primera de las esposas de Martín I, María de Luna, regente desde la muerte de Juan I hasta la llegada de Martín I, entonces atareado en los sucesos sicilianos. Durante los primeros momentos la soberana debió ocuparse, para asegurar el trono a su esposo, del problema planteado por doña Violante, la reina viuda, que fingía encontrarse embarazada. De la impronta conservada de María cuya fecha se desconoce pues se ha desprendido del documento del cuál pendía, sorprende, en primer lugar, la gran similitud del anverso con el de su predecesora. Aunque con túnica escotada, ceñida al cuerpo y de mangas anchas, se presenta la reina, esta vez de frente, emplazada en dosel gótico a partir del cual se desarrolla la misma fábrica constructiva que la ostentada en la impronta de Violante de Bar. También diverge en algunos detalles como la postura de la soberana, que al no llevar manto no lo recoge con ninguna de sus manos; el cetro, algo más corto y con remate más protuberante; o las hornacinas con techo de doble vertiente en las que se cobijan dos hombres que sostienen dos objetos que no logro distinguir. La leyenda, a excepción del nombre de la soberana coincide, en su totalidad, con la de Violante; esto es, + MARIE . DEI . GRA RE… VALEC´MAIORIC SARDIN Z CORSIC COMITISSEQ´. BARCHN ROSSILION ET CIT… Del contrasello sorprende también la gran similitud que guarda con respecto al sello secreto de su predecesora, aunque sin intitulaciones, claro está. En su superficie campea el escudo coronado de Aragón y de Luna, sostenido por dos seres fantásticos en forma de faisán con cabeza de mujer, del cual emerge un ángel con las alas desplegadas. No debe buscarse, sin embargo, un intencionalidad política bajo estas analogías pues tanto en el anverso como el contrasello están adheridos a las corrientes artísticas de la época; por citar dos ejemplos, se observan notables parecidos con algunos de los sellos de Carlos II de Navarra de 1385 y con el de la esposa de Martín el Joven en 1396. (…)

ESCUELA DE DANZA

… mientras que María de Luna optó por cobijarse bajo un edificio repleto de hornacinas, algunas de la cuales se coronaban con cubierta de doble vertiente. Así mismo, la indumentaria también variaba, pues con esta última soberana, que inició la postura de frente, la ropa se ceñía al su cuerpo al tiempo que las mangas ganaban en holgura haciendo que sus extremos, apuntados, llegaran con hermosos plegados casi hasta el suelo.”

Es decir, ya conocemos tú rostro, tú forma de vestir, tú carnet de identidad… Y confiando en que el artista fuera de ojo fotográfico y pulso tiento y fino, te dejó representada en este único sello donde ahora vemos tú rostro.   El rostro de nuestra Reina Doña María de Luna.

Seguiría hablando de ti a ciegas, como casi así es. Hablaría de ti como si tu fueras quien pone las estrellas en el cielo. Te miraría si tuviera esa ocasión por un instante, como el ciego que ve el mundo por primera vez.   Así pues, Doña María, mi reina segorbina, desde este asilo de riesgo, en este remanso de tropiezos en parcas palabras donde la imaginación se entremezcla con la historia, quiero creer y creo que cuando diste tú último suspiro por tierras de Villa-Real en aquel lejano año de 1406 cuando te dirigías presta a Segorbe en busca de tú Martín, trajeron aquel joven cuerpo de apenas 48 primaveras a esta ciudad y que moras en tú descanso eterno por estos lares, por estas, tus tierras, por este, tú Segorbe.   Y que en las noches de verano sales de tú morada, de tú descanso y recorres en silencio y presta, nuestras calles y que conoces a tus nuevos vasallos, tú cambiada ciudad, tú nuevo reino… Así lo quiero imaginar. Y reniego, fríamente y duramente, de tú sepultura en el Monasterio de Poblet como algunos dicen que allí estás, pues te quiero aquí, en casa, con nosotros, mi Señora…

No sé si tus ojos eran azules, sin embargo así lo quiero creer, sí con ellos pintabas con tú mirada el cielo de Segorbe y, con tus pestañas, escribías en las páginas de nuestra historia.

Por siempre y para siempre, eres nuestra Reina. Nuestra señora. Nuestra Doña María de Luna. Reina de Segorbe.

Antonio Berbís Fenollosa  – Jorge Laffarga