Ayer no fue un día de Corpus Christi cualquiera. Fue un Corpus especial forzado por la pandemia del coronavirus, que privo a los segorbinos del paso de la solemne procesión por las calles, del tapiz floral confeccionado por los vecinos de la plaza del Almudín y de la sonrisa pura de los niños vestidos de comunión.

Por ello obispo de la Diócesis de Segorbe-Castellón, Casimiro López Llorente, presidio ayer en la Catedral Basílica de la capital del Palancia, la celebración litúrgica del Corpus Christi, con las limitaciones propias de las normas dictadas por la pandemia; además de la procesión realizada alrededor del claustro.

Al pasar la procesión claustral por delate de la puerta que da a la calle Santa María, el Santísimo se detuvo, y sostenido por el Obispo  bendijo a la ciudad, a la Diócesis y al mundo.

El Obispo, acompañado por una veintena de canónigos, sacerdotes y seminaristas y con seis concejales del equipo municipal de gobierno con la alcaldesa Mª Carmen Climent ocupando un lugar preferente en el presbiterio, ofició la Eucaristía en cuya homilía tuvo palabras de reconocimiento y agradecimiento hacia los sanitarios y las fuerzas de seguridad, y de solidaridad con afectados y familiares.

Tras la misa se celebró una procesión claustral en la que tan sólo participaron dos representantes de cada cofradía y asociaciones de la ciudad, además de los representantes municipales. En total alrededor de 130 personas.

En su recorrido tuvo lugar un acto inédito, de gran simbolismo y es que al llegar a las puertas posteriores de la Catedral, abiertas de par en par, las que dan a la calle Santa María, el obispo se detuvo en un altarcillo y tras rezar brevemente levanto la custodia del siglo XVI que portaba y bendijo al “orbe y a toda la diócesis”.

Chelo Torrejón – Fotos:José Plasencia

JOYERIA ROYO
RODOLFO Y VENTURA