JOYERIA ROYO
RODOLFO Y VENTURA
Podía haberle pasado  a más de un pueblo, pero no. le ha pasado a los vecinos de Azuébar, que el pasado lunes oyeron un gran estruendo mientras se hallaban en la cama y al levantarse vieron como la lluvia había hecho desplomarse la torre más alta de orgulloso castillo.

Pero la lluvia, y más tarde el viento que se le sumó, no es según los vecinos la única causa que ha provocado esta importante perdida patrimonial, dado que la sucesivas administraciones, tanto nacionales, como autonómicas y locales, nunca habían hecho demasiado en favor de su recuperación y restauración.

El joven arquitecto, Rubén Gómez García, al que le encantan las carreras de atletismo considera que no habría habido que correr mucho para entender el peligro de derrumbe detectado hace tiempo, que quizá podría haberse evitado si se hubiera hecho caso a los informes.

“Esta parte era el último elemento arquitectónico que permitía referenciar escalarmente el castillo en su estado original. La torre este, que hasta ayer se levantaba 11,5 metros sobre su base, era una de las 4 que originalmente conformaban el elemento arquitectónico más importante del municipio de Azuébar, y que había sobrevivido a más de 1.000 años.

Aunque no sin daños, pues tras realizar los estudios pertinentes se comprobó que existía una desviación de más de medio metro en su punto más alto con respecto a su eje vertical y más de 25 con respecto al eje horizontal. Todo ello causado por la pérdida del muro sur de esa misma torre que dejaba sin apoyo lateral al muro este, que es el que hoy ha caído”, explicó Gómez en su muro de facebook.

El órigen de Azuébar está en su castillo musulmán, datado en el siglo XII. La primera referencia documental aparece en el Llibre del Repartiment, con la donación del rey al noble aragonés Gonçalvez de Eredia en 1237.

La fortaleza, declarada BIC,  se encuentra en ruinas desde hace décadas aunque conserva deteriodados e importante elementos de sus murallas, restos de otras torres y un aljibe.

Chelo Torrejón – Foto:José Plasencia