RODOLFO Y VENTURA
JOYERIA ROYO
El tiempo y el pueblo

¡Qué equivocados están los tópicos! ¡Cuánto error encierran en sus supuestas verdades!… Paseando por las calles silenciosas y vacías de Castellnovo me viene a la mente la tan amanerada frase: “En los pueblos no pasa el tiempo”, y pienso que sería mucho más correcto decir todo lo contrario: “tempus fugit”, pues el hálito de vida se escapa con cada segundo mientras el sol va desgastando los brillos de unas piedras abandonadas y deslucidas. El tiempo se nos escapa sin retorno, al compás de las vidas de los vecinos quienes contemplan con resignación como sus hijos y nietos abandonan el regazo familiar en busca de otros horizontes más propicios.

No, el tiempo no se detiene en nuestros pueblos, y lo demuestra el rostro descarnado del Castillo de doña Beatriz de Borja, al que ya se le han evaporado hasta los recuerdos, el cual dejó hace siglos de cumplir su misión de vigilancia sobre las calles y campos, y ahora se limita a bostezar con sus muros desdentados en la languidez de los ocasos, porque los poemas de un posible amanecer se adentraron en el laberinto del olvido.

Pero ahí está, mudo, indiferente, incluso esquivo, para recordarnos que hubo una vez un tiempo en que la tierra tenía sentido y las gentes se afanaban por defenderla, por trabajarla, por darle vida y camino… pero “tempus omnia variat” , el tiempo todo lo cambia por no mudar en su destino: ¿qué futuro nos espera en un mundo donde tanto se anhela lo innecesario y peregrino?…

Y las saetas del reloj seguirán marcando sus pasos inevitablemente, y se irán cerrando puertas, ventanas, y en las calles crecerán las hierbas que reclaman el vacío, y el paseante podrá oír con nitidez sus pisadas y el canto de los pájaros y el roce del viento, y quizás, algún domingo, nos sorprenda la fresca brisa de la risa de algún niño.

Ancrugón