El trayecto desde Segorbe a Canfranc — Estación

Cuando los cuentos ajustan

La palabra “Somport”, el summus portus latino, el puerto más alto, es la referencia que me ha acompañado siempre desde la orilla de la autovía Mudéjar. En letras blancas sobre fondo añil indica que el origen de esta carretera está en Sagunto pero a mí, a la vez, me señalaba que mi destino estaba en Somport, que si quería alcanzar el puerto más alto tenía que desplazarme hasta allí, hasta Canfranc, la localidad pegada al túnel, en Huesca, a ocho kilómetros de la frontera con Francia. Y así lo hice: seguí ese itinerario Sagunto—Somport, desde Segorbe, a veces en coche y otras en tren, con el Canfranero, hasta el valle de Los Arañones, que se llama así porque ese es el nombre que se le da también al fruto del endrino. Solo tenía, en mi camino, que leer las señales que estaban tan a la vista, tan grandes y tan evidentes.

Entre todos los momentos vividos en torno a esta novela, hay uno que recuerdo con mucha frecuencia: cuando arrancó el AVE desde la estación Joaquín Sorolla de Valencia el día fijado para la primera reunión en la sede de Madrid del grupo Planeta (en la que se iba a decidir que Volver a Canfranc se publicaría) sentí vértigo y mucha emoción porque era posible que a partir de entonces todo lo anterior, mi trabajo literario, y fabuloso a la vez, de más de tres décadas, comenzara a encajar.

El trayecto desde Segorbe a Canfranc — Estación

El tren de vapor llega a la estación de Segorbe. Foto: José Plasencia.

Bastantes meses después, cuando se presentó la novela para la prensa el ocho de abril de este 2015 en Canfranc Estación, el autobús con los periodistas se detuvo delante de este palacio ferroviario, tal como habíamos dispuesto quienes lo organizamos desde la editorial Planeta y desde el ayuntamiento de Canfranc; perseguíamos que esa primera impresión del edificio impregnara sus crónicas y sus grabaciones. Llegaron hasta allí profesionales de muchos medios de comunicación: de TVE, de Antena 3, de Aragón TV, de la agencia Colpisa, de La Razón, de Onda cero, de Vozpópuli, de Rne, de la Cope, del Heraldo, de El Mundo… reunidos en torno a la historia de estos héroes tan cercanos que habitan Volver a Canfranc. A pie de obra les esperé junto con Elena Pastor, una de las guías de la estación, y ahora amiga mía, igual que también lo son ya María José Esparza y Silvia Franco. Escuchamos y vimos como quedaban fascinados ante la majestuosidad del edificio. “Está ahí”, exclamaban ante su presencia rotunda, de metal y cemento, “no se lo ha inventado”, como si yo sola fuera capaz de crear algo semejante. Sonreímos.

Por eso, cuando la tarde del día 10 de abril, la víspera de la presentación de mi novela en el vestíbulo de la estación internacional, me llamó mi madre para decirme que Susana Griso había recomendado mi libro en el programa de Antena 3 “Espejo Público” y que acababan de hablar de él en “El ojo crítico” de Rne la escuché con mucha atención pero cuando añadió que a los tres días de salir a la venta se había agotado en Segorbe, fue cuando más feliz me sentí. Ya no pude continuar hablando. El sábado 11 de abril por la mañana, llegó hasta el mismo lugar que lo habían hecho los periodistas tres días antes, el autobús que después de partir de la avenida Casalduch de Castellón, se detuvo en la avenida España de Segorbe y después en Teruel para recoger a todos los que quisieron acompañarme aquel día. Para expresar lo que sentí al verlo aparecer necesitaría otra novela.

El trayecto desde Segorbe a Canfranc — Estación

Estación de Canfranc. Foto. José Plasencia.

Ahora leo, best —seller, superventas, más vendido, libro estrella, éxito y junto a esas palabras siempre aparece Segorbe. Algunos días se han vendido mil ejemplares de él. En estos momentos está a punto de aparecer la cuarta edición y todo gracias a quienes han recorrido con los ojos sus líneas. Además ilusiona pensar en el horizonte: las traducciones y su adaptación al cine.

Dicen que el carácter es la mitad del destino. El lugar en el que naces tal vez sea lo que lo completa. Mi primer relato lo escribí cuando tenía menos de diez años, se titulaba “Mi viaje en una nube” y comenzaba en el castillo del cerro de La Estrella. En la ladera de ese monte es donde aún vivo y donde espero quedarme siempre. En este paisaje frente al valle del Palancia entre la Sierra Espadán y la Calderona, unido ahora dentro de mí a la orografía pirenaica, al paseo de Los Melancólicos y a los demás senderos de Canfranc.

Mientras escribía Volver a Canfranc imaginaba el momento en el que el jefe de taller de una imprenta —que ahora sé que está en Santa Perpetua de Moguda, en Barcelona— diera la orden y mi libro apareciera, con su alma encuadernada, dispuesto para entretener y conmover al lector con unos hechos traídos hasta el presente desde mediados de los años cuarenta del siglo XX.

Primero sus hojas fueron de árbol, por eso, pensaba también en el bosque talado, y enseguida repoblado, que le daría vida, en la pasta de papel extendida y en los troncos a la espera de otras páginas futuras.

Después anticipaba la flota de camiones que lo distribuirían. Esas imágenes me infundieron muchos ánimos pero la mayor parte de la energía para escribirlo, la extraje de todas las personas que me han acompañado durante este trayecto tan placentero y que han sentido este libro como propio desde el primer momento que supieron de él. Hablo de mis amigos, de mis seres queridos en general, de todo el equipo de ensueño, pero muy real, que en la editorial Planeta ha trabajado para que llegue a muchísimos lectores, de mis editoras, que publican con la pasión por bandera, y del diseñador de la cubierta exacta que tiene el mismo magnetismo que esta estación de ferrocarril.

Por todo lo anterior y por lo que vivo en este presente, las mejores palabras, las que lo resumen todo son cuatro: Gracias, Segorbe y gracias, Canfranc. Por algo así vale la pena vivir siete vidas pero siempre aquí y allí, en el Alto Palancia o en el Alto Aragón. En alto y junto a vosotros. Escribir Volver a Canfranc en Segorbe, mientras escucho pasar los trenes, sería como escribir Volver a Segorbe desde allí.

Siempre es mejor tener dos corazones que uno.

El trayecto desde Segorbe a Canfranc — Estación

Rosario Raro