El otro día mientras paseaba entre las huertas de un pueblo del Alto Palancia, vi a un viejo mendigo sentado al borde de un camino….Delante tenía una bandeja de cartón y un cartelito pidiendo limosna.

-¿Pero señor, como se le ocurre pedir limosna en estos lugares donde la gente no pasa apenas?

-Mire usted. Eso lo tengo claro. He probado pedir a las puertas de los supermercados. Las gentes te miran pero pasan de ti….Están acostumbrados a vernos y nadie te ayuda. Es una pena, no lo hacemos por capricho, necesitamos las limosnas. Nosotros también nos gustaría estar en una buena situación económica y no pedir, pero el trabajo no sale, y ya ve a lo que he llegado.

-Pero aquí, sentando, no obtiene nada?

-En realidad no pido dinero. El cartel es figurativo. La verdad, quien me lo va a dar. Pero aquí soy feliz, y sonrío ante las  mariposas que se posan en el plato, extienden sus alas, y se van alegres. Soy feliz cuando las hormigas se pasean por el plato, buscando, acaso, también comida. Soy feliz cuando veo los manzanos mostrar sus frutos acaramelados. Soy feliz entre los aromas del campo, entre la serenidad de la naturaleza, entre estas flores y las abejas libando con fragmentos de amor…

-Sí señor, veo amor en los campos, en los pequeños detalles, y cuando pasa el día y llego al hogar de acogida soy otro. Veo cara de amargados, de tristeza, de desamor entre los compañeros…. Pero yo soy feliz así….

El viejo me miró y me brindó una sonrisa. Le di diez euros que llevaba y no los quiso…

-No señor, no me de nada. Si pasa alguien por aquí,  me ven como a un bicho raro. Pero usted es distinto. Se nota enseguida que es distinto a los demás. Se parece a cada una de las criaturas que me visitan, con el debido respeto se lo digo.

Continué mi paseo, mientras el viejo me miraba cómo me iba. Pasó una mariposa por mi lado y en sus alitas le dejé los diez euros. Llegó la mariposa a la altura del viejo y depositó en la bandeja el dinero…..

Los campos sonreían y las plantas formaban alfombras de esmeralda  sobre la tierra  y las manzanas eran  más rojas y lustrosas.

El viejo que pedía limosna entre las huertas

Luis Gispert.