©  Empatía hacía la debilidad .-

No pienso disculparme porque en aquellos mis primeros años de nacionalcatolicismo, cuando al explicarme mi sacerdote adoctrinador un pasaje del Nuevo Testamento, cuando el endemoniado diablo colocaba a Jesús en lo alto de una colina y le ofrecía generosamente todo el mundo visible si entraba a su servicio, yo me imaginaba que esa escena tan satánica sucedía en el balconcillo de Sopeña. Allí, para extrañeza mía, Jesús renunciaba a poseer todas aquellas hermosas y verdes tierras que todos visualizamos y tan inmensas me parecían, prefiriendo ese martirio atroz al que estaba predestinado y tan detalladamente me siguieron narrando mis adoctrinadores.

No pienso disculparme porque mi infancia, que comenzó careciendo de todas las imágenes visuales que porteriormente nos ha ido regalando ese invento denominado televisión, se fue desarrollando en la creencia de que Segorbe, mi ciudad ducal, era el ombligo del mundo y lo mejor del orbe. Gracias a esas convicciones he pasado muchos años felices paseando por unas calles estrechas y medievales en las que comencé jugando por la irregular tierra que era el primitivo asfalto de sus calles y ahora las recorro conversando con los sólidos y ruidosos adoquines.

ESCUELA DE DANZA
No pienso disculparme por haber viajado entre algunas geografías lejanas al Espadán y a la Calderona y haberme atrevido a descubrir que existen magníficos lugares, con gentes entusiastas, con un pasado envidiable y unos monumentos asombrosos, que han sido capaces de tambalear mis convicciones sobre la existencia de la mítica y episcopal Segóbriga levantada en nuestro hermoso valle. Pero aunque se me han disipado bastantes creencias y no crea ya en que el mundo tenga ombligos o dude de que en el balcón de Sopeña sucedieran tentadoras ofertas, mantengo una lealtad sin caducidad que me impide quitarme la credencial de embajador de los encantos segorbinos allá donde tengo la oportunidad,

Tampoco creo que tengan que pedir disculpas los socialistas segorbinos por el estallido alocado que sus dirigentes nacionales han protagonizado lamentablemente en el ámbito hispano. Nuestros ediles, a los que imagino guardando para Segorbe sus mejores horas, están atravesando días difíciles, por motivos diversos viven sobre discrepancias y asperezas, pero me gusta reconocer que con su esfuerzo y dedicación siguen manteniendo el pulso vital que permite a la ciudad continuar siendo ciudad y ofrecer proyectos desde los que ir mejorando el día a día de los segorbinos. Ante las cenizas que van a dejar esos ambiciosos dirigentes nacionales con su voladura incontrolada de un partido centenario, nuestros socialistas del terreno quizás puedan mostrar su plus de generosidad y apiñarse -las piñas siempre producen buen fuego- para resurgir la ilusión, recordando que aunque las ideas son imprescindibles, las personas son las que acunan y dan sentido a esos ideales.

No pienso disculparme por declarar estas buenas intenciones desde las páginas de InfoPalancia, donde en ocasiones han aparecido títulares críticos a la gestión desarrollada por el bipartito local. Así se demuestra la pluralidad de pensamiento que debe ofrecer todo medio informativo.

Aunque bueno, tras rascarme la cabeza y siendo carne contradictoria, pese a lo escrito, o quizás por lo escrito, o quizás por lo no escrito, si callada y benevolamente me disculpan con una sonrisa indulgente, pues vale, les estaré agradecido.

Empatía hacía la debilidad

Manuel Vte. Martínez