¿Habrán elecciones? 

La resucitada luz ambiental que nos trae la primavera me empieza a acariciar cuando Bolumar se vuelve a superar -cada año se reinventa- y nuevamente nos ofrece la mejor sangría del universo. Además, Oti, recuperando esa vieja receta con la que la obsequiaron en alguna masía amiga del Baix Camp, consigue convencer a los ingredientes para que colaboren y participen dentro de una salsa romescu trabada, plena de sabores armónicos, ni picantes ni sosos, o sea irrepetibles. Es penoso admitir que no puedo colgarme ningún galardón culinario porque mi labor se ha limitado a socarrar en llama viva unos calçots hasta procurar que sus blancas tripas consigan una textura blanda y cocida que anime a dejarlas desnudas en un deleite gastronómico que se promete próximo.

A partir de ese instante en que algún impaciente del tropel de familiares y amigos/as asistentes, introduce la dulce cebolla en las fuentecillas de la salsa, la sube hacia el cielo en un rito imprescindible de ofrecimiento al sol, mientras al fondo suenan risas y comentarios ajenos y la voz de Serrat entona “son aquellas pequeñas cosas que nos dejó un tiempo de rosas a partir de ese momento, cada año siento que ha comenzado la primavera.

¿Habrán elecciones?

Fallas 2016. Foto:J.Plasencia

Estamos en el escenario perfecto donde deberíamos llevar las charlas hacia nuestras últimas novedades cotidianas, los proyectos inmediatos, la evolución laboral de nuestros hijos o sobre esos nietos que impulsan otra etapa de sentimientos -la edad ya nos lo permite- o sea, deberíamos intentar ponernos al día, la veintena de concurrentes, sobre nuestra actual situación, sin embargo nos dedicamos de manera espontánea y sorprendente a cultivar un monotema… ¿Habrán nuevas elecciones?

Unos días después, como todo Segorbe sabe que ha llegado su primavera particular, iniciamos la ruta hacia las fallas, allí medio Segorbe tiene un piso adquirido en un sorteo de los que sí que tocan -llamado el sorteo de la hipoteca- o un familiar de los que aún te abren sus puertas con alegría. Las fallas es una repetición eterna de muñecos en posturas atrevidas, de los viejos temas siempre en palpitante actualidad, con sus críticas y cuartetas infames, pero tienen un encanto atávico, un cordón umbilical que te une a esas plazas, a sus horribles petardos, a esos pasacalles berlanguianos de jolgorio diurno y nocturno… Las fallas nos confirman hasta qué punto los humanos somos ¡sobre todo! seres sociales.

En los comentarios que entre risas y sonrisas babeamos el público fallero viendo a esos políticos que han logrado su rol de ninotes condenados al fuego, en esta invernal primavera, de manera inconsciente, en repetidas ocasiones escuché la misma frase… ¿Habrán elecciones otra vez?

Quisiera saber qué sucederá. Pero como neoagricultor que cada invierno realiza nuevos empeltes para mejorar los frutos, admito que en las últimas elecciones, los ciudadanos hicimos un necesario injerto en la clase política, inoculando nuevos partidos para obtener unos frutos más vigorosos, intentando alejar los gorgojos y la podredumbre que nos tiene invadidos. Esto quizás lleguen a entenderlo los escasos ninotes con capacidad para formar gobierno.

¿Cuándo se sabe si un injerto ha tomado? En primavera.

¿Habrán elecciones? 

Manuel Vte. Martínez