No es fácil creer en las distinciones, premios, medallas y diplomas que se conceden. En multitud de ocasiones me sospecho que le ha sido otorgada, al distinguido de turno, después de hacer alguna generosa donación a la institución que la concede. Observas que son los de arriba, esos prebostes que lo cuecen todo, los que las van repartiendo… ¿A quién? Normalmente a los de arriba como una manera de reconocer un estatus momentáneo de poder y solo en algunas pocas ocasiones se destaca la valía de las personas.

Sabes, en general, que las conceden, esperando que en una próxima ocasión les devuelvan algo similar...

Pero si yo cayera en la tentación, si me dejara llevar por la costumbre de premiar los meritajes, buscaría como un sabueso a una persona del pueblo llano que hubiese desarrollado su vida laboral de una manera eficaz, alegre, constante, profesional, de esas que creen que encarando alegremente tu tarea, no solo te haces un favor a ti mismo, sino que se lo estás haciendo a tu entorno.

Me encanta ver salir a mi candidato en la banda de música durante más de cincuenta años, saber que durante ese mismo periodo -se ha jubilado recientemente- ha desarrollado su labor profesional en la misma empresa y sus jefes han sabido valorarlo y mantenerlo no como a un perro viejo, sino como a alguien con la experiencia de un maduro y honrado colaborador. Me alegra verlo en otras entidades locales donde ha colaborado sin buscar la brillantez de la presidencia, más bien aportando la eficacia de su quehacer en el anonimato de algunas asociaciones, sin ánimos de pensar en meter la mano dentro del bolsillo de la podredumbre….

Manolo Raro, el del butano, esa imagen activa y agradable que varias generaciones hemos conocido por los aledaños de la plaza de la Cueva Santa, se ha convertido en uno de mis candidatos iniciales –y no porque me una a él una amistad de toda la vida, somos tan solo conciudadanos que se caen bien, que tienen buena química- pero es de esas personas que en su amplia trayectoria vital se ha entregado con honestidad sabiendo -de una manera inconsciente- que así se van cohesionando ciudades y villas.

Bueno, Manolo, cuando sorprendido leas estas convencidas frases -seguramente porque alguien te indique su existencia- piensa que soy reacio a creer en las medallas y distinciones, pero como los individuos nos convertimos en personas cuando caemos en nuestras propias contradicciones, me apetece colgarte en la red -que es como prenderla en la solapa de un traje inmenso- esta medalla digital que llega dentro de un estuche de cariño segorbino. Sé que a partir de ahora el butano a secas, las bombonas de gas que se nos suministran por las casas, no calentarán tanto, no nos van a poder aportar el calor humano que traía incorporado y la chispa que lo prendía habrá que buscarla en otra parte, allá donde estés: en el huerto, en la piscina, con tu familia…

Hoy otorgo una medalla

Manuel Vte. Martínez.