La Casa Garcerán de Segorbe acoge desde ayer una exposición sobre una de las facetas más desconocidas de la obra del polifacético  Picasso, la realizada para el ballet Le tricorne (El Sombrero de tres picos, de Pedro Antonio de Alarcón), estrenado en Londres en 1919.

La muestra, que bien vale la pena perder una tarde acudiendo a verla, es de entrada gratuita y  puede visitarse los viernes, sábado y vísperas de festivo de 17 a 20 horas, y domingos y festivos de 12 a 13:30 hasta el día 19 de abril. 

Los trabajos expuestos son complementados con un audiovisual de 14 minutos y  pertenecen a los fondos de la Fundación Bancaja y han sido expuestos ya en los mejores centros expositivos de ESPAÑA.

La exposición reúne  32 reproducciones de maquetas en color de figurines, vestuario y decorados contenidos en el libro Trente-deux reproductions des maquettes en coleurs d’après les originaux des costumes & décor par Picasso pour le ballet «Le tricorne», editado en París en 1920 por Éditions Paul Rosenberg y perteneciente a los fondos artísticos de la Fundación Bancaja.

La exposición, comisariada por Juan Carrete, pone de relieve una faceta menos conocida de Picasso, su gran dedicación por las artes escénicas, y muestra la visión y creaciones del artista malagueño sobre la escenografía y el vestuario en el mundo teatral, al que llegó de la mano de Diaghilev, un gran empresario de los Ballets Rusos interesado en reunir a los mejores artistas para hacer del ballet un ‘arte total’. Las estampas de Picasso para Le tricorne, el segundo de los cuatro producidos por Serge Diaghilev para los Ballets Rusos, representan en su mayoría la riqueza y singularidad del folklore español.

 

Le tricorne

Le tricorne se estrenó en Londres el 22 julio de 1919, en el Alhambra Theatre, con música de Manuel de Falla, coreografía de Léonide Massine y libreto de María y Gregorio Martínez Sierra. Actuaron como bailarines Léonide Massine (el molinero), Tamara Karsavina (la molinera), Léon Woïzikowsky (el corregidor) y Stanislas Idzikovsky (el dandy). El argumento estaba inspirado en la obra satírica de Pedro Antonio de Alarcón El sombrero de tres picos, que ponía en escena las intrigas amorosas de un molinero, su mujer y un corregidor.

Picasso llegó a Londres a principios de mayo de 1919 para supervisar el telón de escena y el telón del decorado. El telón de escena describía una corrida de toros, con fuerte influencia goyesca: una maja y unos picadores contemplan desde un palco de la plaza cómo unas mulillas arrastran al toro al final de la corrida. Picasso sugirió a Falla que compusiera una obertura para el momento en que apareciera el telón de escena. También le aconsejó que introdujera las voces humanas en la obertura, los olés, que recordaban el cante jondo.

El decorado representaba un puente, la casa del molinero y, en la lejanía, un pueblo sobre un fondo de cielo azul. Una conjunción de formas geométricas presididas por la búsqueda de la perspectiva y dominadas por la utilización de una gama suave de tonos terrosos evocadores del campo español, conseguido a base de grandes planos geométricos. Pálido, casi neutro, el decorado hacía resaltar los resplandecientes colores del vestuario. Picasso impuso su concepto cubista sobre la aprehensión del espacio y de la perspectiva.

El vestuario, también de inspiración goyesca, rendía homenaje a las distintas regiones españolas. La convencionalidad de los trajes de los personajes principales se yuxtaponía a los del cuerpo de baile, concebidos como potentes estructuras tridimensionales en movimiento que provocaban un gran choque visual, identificándose con los pasos geométricos y complejos inventados por Massine.

Chelo Torrejón – Foto:José Plasencia