©  La esencia del olivo .-

Olivos de mi tierra, de Segorbe, de Altura, de las sierras del Palancia… De Traiguera y Canet lo Roig… Tiempo de poda, de dar lustre a la tierra…Hay que cercenar las briznas de las malas hierbas, para que el ocre no se tiñe de verde…. Solo los olivos, tan rítmicos, tan marciales,  propagan  los verdes, los plateados, como una oda al lirismo,  con esos troncos rugosos, añosos, milenarios…. Hay una vitalidad en cada olivo, en ese ordenamiento geométrico desplegado en cada tabla, alargada, como un emblema ancestral.

-¿Abuelo, eres feliz?

Por el camino van los dos, la nieta y el abuelo.

-Mucho, y contigo más.

-Te quiero abuelo!

Y el abuelo la abraza, se emociona, se paran, para ver los olivos de su propiedad, en cuyo ramaje sus manos encallecieron, haciendo gotear cada oliva, cada trozo de su vida.

-Este olivo siempre da mucha cosecha. Es un olivo milenario, con el recio armazón de su rugosidad, de sus estrías, de sus surcos en su voluminoso tronco.

El paisaje, de celeste imagen,

se escurre por la tierra plateada.

Olivos de mi tierra, de tantos lugares, domesticados, cantada su grandeza en Salmos.

Y el abuelo y la nieta miran, se sientan bajo el olivar. Me dijeron  que a los olivos hay que leerlos de izquierda a derecha.  Costumbre que nos llega desde los árabes. La tierra es pródiga, pautada hacia las sierras y el mar. Es antológica, como la historia, en la inmensidad de una tierra, de unos muros de piedra seca, donde las lagartijas toman el sol. Y a veces, del cercano mar, se acercan las gaviotas. Su blanqueo contrasta con los colores del olivo, tan lustrosos y finos…

-Qué bonitos son los olivos, abuelo. Y los tuyos, más.

El trabajo del hombre se sucede generación tras generación. Brota del pueblo, es real. La emoción de la cosecha es solemne. Cada año viene, como la poda y la limpieza de la tierra.

Una película grande nos llega: “El olivo”…Cuanto sentimiento se destila en las imágenes, en los protagonistas, en el argumento. Películas así llegan a los corazones… Salió del regazo de  la tierra, del olivar.

El abuelo y su nieta se van. Regresan al pueblo. Pisan la tierra. Los olivos sonríen. Las sierras rizan sus cresteos. Una paloma se posa en una rama y respira las esencias del olivar.

La esencia del olivo

Luis Gispert