© La Farola de Altura renueva su imagen .-

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La llegada de las Pascuas, independientemente de las creencias o religiosidad de cada cual, marca un antes y un después en nuestras costumbres diarias, ya que con ellas llega la prolongación de las horas de luz del día, los cambios de ropa y el deseo de salir a tomar algo y compartir nuestros ratos de ocio con las personas que queremos.

Un buen sitio donde reunirse y disfrutar de la buena compañía y la buena mesa es el Restaurante La Farola de Altura, que ahora acaba de renovar su equipamiento e imagen casi por completo, con el fin de ofrecer a sus clientes un ambiente más fresco y acorde con la edad de sus jóvenes gerentes y servicio gastronómico ofertado.

Los propietarios del establecimiento, María y José Vicente, siempre nos recibirán con los brazos abiertos y el firme deseo de sorprender y agradar con sus platos.

Y es que para ambos la cocina es “una forma de vida” además del nexo de unión de su relación amorosa, ya que gracias a ella se conocieron a través de la red social Instagram.

La red les sirvió para intercambiar fotos y conocimientos de los platos que María y José Vicente preparaban cada uno por su lado, hasta que en 2013 “surgió la chispa” y los dos decidieron unir sus vidas y conocimientos en un mismo lugar, el Restaurante La Farola.

Hasta entonces el establecimiento era un sencillo restaurante familiar, en el que los padres de José Vicente, Roberto y Encarna, se encargaban de atender junto a éste y ofrecer a los clientes unos menús diarios basados en la llamada “cocina de pueblo”.

Pero las cosas cambian y María y José Vicente deciden en 2013, que ambos consideran “un año clave en nuestras vidas” dar un giro de 180º al local, en el que progresivamente empezaron a introducir todas las innovaciones y creaciones culinarias que se les ocurren.

“Tenemos carta porque hay que tenerla. Es una forma de establecer un primer contacto con las personas que vienen, pero lo que verdaderamente nos gusta es recomendar al cliente los platos que ese día podemos tener fuera de carta. Nunca suelen ser los mismos porque a María y a mi lo que nos gusta es inventar cosas y hacer combinaciones nuevas”, según explicó José Vicente.

Como no podía ser menos la materia prima empleada en la cocina es siempre de primera calidad y muchas veces procede del llamado kilómetro Cero, es decir de los cultivados ecológicamente en las huertas locales, teniendo especial relevancia los cosechados por la familia.

Así las cosas se podría decir que La Farola es  uno de esos muchos restaurantes que han sabido aprovechar el reclamo de estos productos y la filosofíaslow food o ‘comida lenta’. Es lo contrario a fast food y promueve degustar los productos locales con tiempo, disfrutando de ellos y viviendo el acto de la alimentación como una experiencia para todos los sentidos. Es decir, la comida entendida como placer, toma de conciencia y responsabilidad.

En la temporada de verano el local abre sus puertas diariamente de martes a domingo en horario de comidas y cenas, si bien en invierno solo abre de martes a domingo a medio día y de jueves a sábado por la noche.

Los días laborables la Farola ofrece un menú diario al precio de 10 euros, situándose el precio medio de la carta sobre los 30 euros por comensal.

La Farola de Altura renueva su imagen – Chelo Torrejón