JOYERIA ROYO
ESCUELA DE DANZA
RODOLFO Y VENTURA

Amparo Gimeno Pastor La hora mágica

La hora mágica, son apenas unos minutos entre la puesta del sol y el anochecer más completo. Unos minutos donde la luz se hace más difusa y suave, que en otros momentos del día, ya que el sol se encuentra justo debajo del horizonte, creando una atmósfera de recogimiento y soledad que como he dicho antes no la encontramos a lo largo del día.

Es la hora de la merienda, del receso vespertino, que curiosamente los urbanitas vivimos en soledad. De hacer un alto en nuestros quehaceres diarios y sumergirnos en nuestros propios pensamientos. La hora de la paz interior, de la quietud mental, del sosiego íntimo. Unos minutos sagrados, dedicados a nosotros, dedicados a reconectarnos, resetearnos antes de sumergirnos en nuestras tareas diarias. No cultura, que no la tenga como tal. En los conventos, es la única hora en la cual sus acogidos, disponen para ellos mismos. La hora conocida como vísperas. Hasta los animalitos, parecen recogerse y sumergirse en sus propios pensamientos. Lo sé muy bien, pues lo observo cuando voy de paseo por el Antiguo Cauce del Turia. Por unos instantes, los pajaritos enmudecen para luego seguir en su indescifrable parloteo.

Unos minutos o casi una hora dependiendo de la estación donde todo es quietud. Donde casi desparece el tráfico urbano. La hora de la holgazana. La hora azul o dorada. La hora mágica. Y es el momento del día, que más me agrada. El instante de relax o paz. En invierno, casi ni lo percibo. Pero, el resto del año, sí. Es mi momento sagrado. Vital para todos. De recargar las pilas, antes de dar el carpetazo a las tareas pendientes del día.

Nosotros, como buenos urbanitas, ya nos hemos desconectado casi de la Naturaleza, sumergidos, en esta desquiciante vida que llevamos. Pero, pese a todo, seguimos conectados a ella, con algún lazo invisible. Cuando mañana por la tarde, alrededor de las 18:30h, notéis que tenéis ganas de ir al baño, o a tomaros un descafeinado con leche, vosotros solitos, mirando abstraídos a la calle, ya sabréis el por qué. Por la hora mágica.