La noche se transforma en verbena en mi ciudad. Hay elegancia en las segorbinas. La verbena del jueves es otra cosa. Se revela el buen gusto en el vestir. Me acerco a la glorieta. Canta la fuente desgranando sus fuertes chorros de plata como una granada. La verbena va tomando cuerpo. Y mucha animación… Ana Torres, la reina mayor de fiestas, está feliz. Y muy contenta. Y muy guapa… Es su verbena, al igual que Zaira y Wendy y toda la corte de honor. Qué ramillete de belleza…!!!

La noche es larga

Noche segorbina. Foto:J.Plasencia.

Pero esta noche no es mi verbena. Busco ese Segorbe donde apenas le llegan los sonidos de la fiesta. El Segorbe antiguo, con sus luces cálidas, que realzan la reciedumbre de la piedra histórica. Murallas que han caído en los brazos de la noche. Sopeña. Y mi paseo. Pero la luz no se acaba. Y el silencio y la soledad hacen marcha. Son como ríos que penetran por el laberinto de las callejas  de Santa Ana. Como águilas que vuelan en la noche. Arriba,  cerca de las estrellas, mi alma se desprende. Se cobija en la catedral, en  las torres, rosas crecidas con imagen diferente.

Estoy solo y como un eco la fiesta me llega, cobijada  en la glorieta. Segorbe es ciudad de música. Y de muchas conquistas. El arte, la cultura están presentes. Sí, mi ciudad es diferente. Nos embriaga a todos. Y en fiestas, ni te digo. Ya se aproxima la semana grande, distinta en todo, con  su garra impetuosa.

Me bajo del castillo. No veo a nadie. Pero Sopeña me arropa, me aviva con su intimidad callada. Hasta el Palancia parece acariciarme, enviándome sus flujos cristalinos. Me siento en un pretil, al lado de una farola con su luz como  misiva. La muralla, al lado, resplandeciente; una brazada de historia solemne. Vale la pena que la noche llegue para verla. El Argen cautiva. Un nombre que nos regresa a otros tiempos. Sus almenas son como rosas que no mueren, que sostienen el tiempo.

Y ahora bajo por la calle Colón, casi desierta. Y sigo haciendo camino por ella. Como una feliz penitencia, con pasos de nostalgia, con aromas de esperanza. Calle con vigor y con olor a historia, a costumbres, a encuentros. Calle con encanto, alta en asombros cuando el corazón salte nervioso ante tanto poder taurófilo.

Llueve la noche con precipitaciones alegres. Mas el manojo de horas siguen bailando en la glorieta. Canciones y bailes, albor y ojos que miran caras entre olas de alegría y, acaso, con botellas de cava y pastas, para brindar por la noche, que es larga.

La noche es larga

Luis Gispert.