Alguien te habrá dicho que el tiempo es una apisonadora que va cambiando tu cara, tus amigos y tus paisajes urbanos. Cuando evocas aquella época en que tu ciudad ducal tenía dos cines, o más de la mitad de la calles sin asfaltar, estás reviviendo al mismo tiempo los momentos en que tenías unas ilusiones y unos sueños concretos, en que pensabas que el camino vital que te quedaba por transitar era inacabable y sobre todo tenías una imaginación con la que podías fabular y compensar todas las carencias que tu entorno -tu aquí y ahora- no te proporcionaba.

Si has tenido suerte ¡habrás tenido muchísima suerte! si has conseguido salvar de esa implacable apisonadora una porción de aquella desbordante imaginación infantil que convertía a tus amigos/as en el mejor grupo del mundo o aquella destartalada casa que te cobijaba en un castillo real, úsala para revertir la difícil realidad actual ,en un mundo en el que tú puedas abrir las puertas que cada día se van cerrando, o en recordar a los adultos que antaño fueron niños, donde pueden rescatar sus secuestradas ilusiones.

Apostaría sin equivocarme que tenía toda esas emociones vivas, la primera vez que vi en el cine Rosalea la obra que hoy acabo de disfrutar en el teatro Serrano; y aunque en aquel principio de adolescencia no pude captar toda la redondez y perfección que tenía el texto de Pedro Muñoz Seca, ya pude reírme sin tasa con la maestría del elenco de actores y actrices que en la película aparecían.

La venganza de Don Mendo

La interpretación no defraudó. Foto: Oti Izquierdo.

El grupo Siglo XIII Teatro, compañía teatral creada en el vecino Teruel, dedicada a la representación, animación de bodas o eventos medievales, con una notable actuación y acierto, ha recreado para un patio de butacas casi lleno esta tarde, esa pieza clásica del siglo XX en la que muere hasta el apuntador, apuntando eso sí, siempre hacia la risa.

Todos los que hemos acudido a ver la representación este domingo, hemos podido volver deleitarnos -una mayoría de los asistentes ya la habíamos visto en uno u otro medio- escuchando estrofas que son perlas literarias del humor tragicómico, perlas del tipo “Y me anulo y me atribulo/   y mi horror no disimulo,/ pues aunque el nombre te asombre,/ quien obra así tiene un nombre,/   y ese nombre es el de …chulo”.

O esta otra que no me resisto a transcribir:

“¡Puñal de puño de aluño!/ ¡Puñal de bruñido acero,/ orgullo del puñalero,/ que te forjó y te dio bruño!…/   Puñal que en mi mano empuño,/ en cuyos finos estríes/ hay escritas con rubíes/   dos frases a cual más bella:/   “Si hay que luchar no te enfríes./ Si hay que matar…descabella” .

Con una puesta en escena actualizada tanto en decorados como en las músicas ofrecidas, me permito reafirmar que continúa siendo una obra imaginativa y fresca y tras un siglo de existencia admite claramente

un largo recorrido futuro por los escenarios.

La venganza de Don Mendo

Manuel Vte. Martínez.