Las cosas sencillas llenan es un relato de Luis Gispert que nos habla de eso, de las cosas sencillas que nos rodean y que muchas veces no sabemos apreciar.

Siempre he dicho que la montaña es para disfrutarla, beber de su espíritu, hablar con su soledad, tener el concepto de su belleza…Pero no, nuestra sociedad ha cambiado la forma de ir a la montaña. El triunfo del aspecto comercial,  la competividad….Pero, ¿esto es amar a las montañas? Indudablemente,  que no. ¿Dónde está ese sentimiento romántico cuando daba mis primeros pasos montañeros? ¿Dónde está la intimidad que despierta el bosque cuando penetras en él?

No, no me gusta ese dicho de “hacer montaña” actual. A la montaña,  ahora,  se va en grupos numerosísimos, como si se fuera a una feria…

-Chica, pues fulano me gusta y ya salgo con  él?

-Ay!…. Anoche se me quemaron las patatas!

Bueno, bueno, estas conversaciones las he escuchado yo…. Para ésto no se va a la montaña….Para hablar de estas cosas, de estas  cotidianidades,  existen otros lugares más apropiados.

A la montaña se va dispuesto a disfrutar, a gozar con muchas cosas, sin prisas, sin tecnicismos…  Ay…! Que me he perdido… Se ha perdido el sentido de la orientación. Sí, va muy bien el GPS…Y tanto….Te salva de muchos atolladeros…Pero…¿dónde está el aspecto aventurero del senderismo? ¿Alzarte hacia la cumbre? No se valora hoy la montaña como antes…. Se va al Everest con espíritu comercial…. Ahí está la película  “Everest”…..

No, no digo que la montaña no se valora en general…  Pero no hay que ir a verla, a patearla, como si fueras un supermán… Hay que ir como un viajero tranquilo, un paseante de sonrisas, un descubridor de su intimidad y de sus detalles, que son  muchos…Las cosas sencillas  llenan…..

Las cosas sencillas llenan

Fdo: Luis Gispert.