LOS LUNES DEL VERANO

Nunca me gusta echar culpas, prefiero llegar a las causas. Pero una tarde otoñal es tan corta, al igual que sus primas invernales, que la de hoy, ventosa, encantadoramente rojiza ¡pero tan corta! me ha empujado – y es culpable- a recordar con nostalgia otro periodo que las tiene largas, refrescantes, tan placenteramente largas que se juntan a los nocturnos sin darte cuenta, tertuliando para arreglar este mundo y los que vengan.

Sé que la nostalgia es una madeja llena de tantos hilos que según el que escojas puede cambiarte el ánimo hacia la cima o hacia la sima. Hay que llevar cuidado con ella. Pero el hilo de nostalgia del que tiro ahora no tiene peligros, porque al pensar en el estío, solo puedo evocar los lunes del verano.

Desde pequeño ya asumí que el binomio de Newton tenía un desarrollo largo y sin embargo, las vacaciones de verano resultaban cortas no, cortísimas. Y es que hay que aceptar que al verano lo inventaron así, paticorto y lo sabe cualquier vecino.

Aparece esa convicción hasta en los chistes malos, como aquel en que un médico le dice al enfermo la peor de las noticias: Amigo, le quedan dos meses de vida y entonces, tras un silencio inacabable, pasa a soñar en alargarlos, disfrutarlos y le ruega al doctor vale, déjeme que sean los del verano, por favor.

Con esos deformados ojos vemos el verano los mediterráneos.

Nosotros, me refiero a un grupo elástico de amigos/as, sudando el estío, hemos sabido encontrar y mantener momentos o ratos que encierran una magia especial, algo así como cuando a un árbol le quitas un fruto, lo pruebas y descubres que ofrece tanto sabor porque lleva la etiqueta del pecado.

La historia comenzó hace muchos, muchos años. Allá por los primeros años ochenta. Con unos hijos pequeños, decidimos aficionarlos al campo y a dejar que la comarca los conociera, organizando cada lunes del verano una excursión vespertina que acababa con una humilde cena en la villa que estábamos visitando.

ESCUELA DE DANZA
JOYERIA ROYO
RODOLFO Y VENTURA

A mi me encanta en esas tardes ¡porque aquello si que son tardes! hablar con los lugareños que siempre rescatan sus mejores rincones para proponerte otra excursión o agradecerte que rompas su monotonía. Bolumar va robando esos tonos insignificantes para que sean dioses de sus próximas telas. Oti sabe crear una película donde los picos se acercan o los árboles descubren como ensombrecer los arroyos. Elisa Portolés, la pluricampeona de España de triatlón, amenaza a las pistas que pateará castigando los músculos con sus entrenamientos. Isabel busca por Espadán una campa donde Pinos, Asensio, Luis y Amparo puedan ver el firmamento nocturno mucho mejor iluminado que el tenemos colgado encima de las ciudades.

Y Mª Jesús, Reme, Mª Pilar o Carlos, con todos, todos los demás, disfrutamos de la mareta que nos alivia mientras investigamos por la ermita, el pico, la fuente… al tiempo que ya pensamos en ese primer sorbo de cerveza ¡el primero siempre es irrepetible! que nos premiará al llegar a cualquier terraza de bar todavía desconocida cuya tertulia se alargará hasta una despreocupada madrugada.

Nuestros hijos ya no vienen a estas citas, no se han conformado y tras conocer bien la comarca batallan por el mundo. Como han sido sustituidos por nuevas incorporaciones, nos repetimos acumulando sonidos de cigarras raperas, visiones de montículos con formas animaladas, aromas montaraces que las hierbas te regalan sin rencor cuando las pisas…

Los lunes del verano son una caja mágica de la que emanan momentos irrepetibles, pero sobre todo, amistad de la auténtica: la que te ofrece y no te exige.

Ya me han recordado que los alicientes del resto de las estaciones no hay que desaprovecharlos, pero no pienso hacer caso. El verano siempre va vestido de corto y sus lunes se han convertido en ese llavero que quiero que me acompañe el resto del año candando el ánimo entre brumas o vendavales.

MANUEL VTE. MARTÍNEZ