Manual de Inquisidores o cómo convertirte fácilmente en consultor sobre posesiones demoníacas sin pagar los 6000 euros que cuesta el máster por la gracia de Wert.

 

[ Versión revisada, corregida y aumentada para adaptarla a la nueva normativa ISO 9001:2015]

A modo de introducción

Conviene a los propósitos de esta obrita establecer con meridiana claridad los diferentes tipos de demonios que nos pueden habitar: su naturaleza, sus competencias de acuerdo a los estándares establecidos por la Unión Europea, sus fragilidades e, incluso, su sexo.

Omitamos todos los nombres del ángel de las tinieblas que no me atrevo a recitar y consideremos por un instante y con cierto detenimiento la sabiduría acumulada desde que Jacobo Sprenger y Enrique Institoris ( o Krämer , como encontramos en algunas buscadísimas ediciones) publicaran el Malleus Malificarum . El martillo de las brujas. Para golpear a las brujas y sus herejías con poderosa maza, reza el subtítulo.

En su primera parte analizan los tres aspectos que concurren en el maleficio. A saber: el demonio, el brujo y la permisión divina; y, en la segunda, describen meticulosamente la inquisición a que debe someterse la criatura maligna para discernir si es macho ( íncubo) o hembra ( súcubo).

Sin más dilación, pasemos a describir los demonios más cotidianos descritos por los eruditos.

Procusto

CAPÍTULO I.

De los demonios cotidianos: Procusto, el demonio que adocena

Abordo en este primer capítulo cómo defenderse de este ser maligno que nos posee y nos obliga a ahormarnos a los pesos y medidas – las del cuerpo y las del alma – fijados por la Fiscalía de Tasas a través de innumerables reglamentos, edictos y decretos.
Solemos caer bajo su posesión si frecuentamos las gacetillas populares o damos por ciertas todas las voces oídas sin someterlas a criba selectiva.

Los síntomas han sido descritos con pasmosa rotundidad en el vademécum DSM-IV-TR: « La persona poseída por los sicarios de Procusto Damastes suele opinar opiniones ajenas, hablar con voces ajenas, escribir con palabras ajenas, amar con amores ajenos y acaba sus días siendo el hombre o mujer que los demás quieren que sea, olvidándose por completo de las voces que habló, de las palabras que hilvanó, de los amores que amó con aliento propio, hasta que un día muere, desconocido o desconocida, en la más absoluta inanidad”.

¿Podemos librarnos de esta demoníaca posesión?

Por supuesto. Y de forma harto sencilla. Si crees estar poseído o poseída por Procusto, haz acopio de cuanto dispositivo emita voces o imágenes ajenas, abre la ventana y arrójalos con vehemencia contra los adoquines. El servicio de recogida de enseres del municipio o de la mancomunidad se hará cargo de ellos de manera conveniente, al menos, para los dueños de las plantas de reciclaje, la mayoría de ellos vinculados a tramas criminales y mafiosas.

Y dedícate a leer con criterio. Para empezar, localiza, por ejemplo Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar.

Léetelo y ya hablamos.

Verás cómo Procusto sale de tu cuerpo y de tu alma, desahuciado, cagando leches como suele decirse en ambientes canallas.

Y si no, me corto lo que más me estimo.

Manual de Inquisidores

Manuel López Blay.