©  Mi última cumbre .-

¡¡¡Ehh!!!  ¿Sabes cómo se llama este pico?

-No. .. ¿Lo habéis escalado?

-Bueno, no ha sido tan difícil, pero nos ha gustado y queríamos saber su nombre.

Estoy al lado de ese pico espigado, habiendo alcanzado hace unos instantes mi cumbre, el Gran Tuc de Colomers, de 2.932 metros de altitud. Y observo como los dos montañeros se hacen fotos.

El pico donde estoy tiene una cima más ancha, pero de mayor altura que su vecino. Da nombre a un extenso circo lacustre, en el Pirineo catalán: el de Colomers. Lo descubrí  hace 15 años y desde entonces alcancé otras cumbres, que dominan también este inmenso y hermoso circo, como el Ratera, el Montarto, el Tuc de Cendrosa, el Tuc de Bergús…

Hice noche en el refugio Llong. Una noche cálida, estrellada y que auguraba el buen tiempo del día siguiente. Partí al alba.  El venerable lago, con su forma alargada, seguía ensombrecido. El sol no llegaba a colarse por esta fantasía de paisajes. Caminaba feliz, siguiendo la buena ruta hacia el Portarró de Espot. Abajo se iba quedando este lago y el Redó, dominado por el Gran Tuc. Los torrentes escanciaban sus armoniosas espumas, palpitando con alegría.

El  genio sombrío de las cumbres se agigantaba, con sus láminas de caliza blanca. Que colosal era todo. El hombre se empequeñece entre estos palacios del parque nacional de Aigües Tortes. Las pendientes eran empinadas y fatigantes. Progresaba entre pedreras, y la transparencia del aire era solemne. Arriba se recortaba, como aplastándome con su grandeza,  la aguda mole del Gran Tuc, monarca excelso de todas las cumbres de Colomers.

Traspuse un collado, el último obstáculo dificultoso de la ascensión. Aparecía moteado de nieve, embalsamando este notorio mirador, puerta fantástica entre valles, por donde se filtran fuertes vientos, suaves, desgarradores e  incluso poéticos.

Todo un alpestre espectáculo de gran magnificencia se dominaba desde la cima del Gran Tuc, realzado por el esplendor del sol, que le otorgaba un efecto sublime, sobre todo a los lagos, revocados por  brillantes reflejos…

-¡¡¡Ehh!!!  ¿Sabes cómo se llama este pico?

———–

Han pasado 10 años desde que hice esta ascensión al Gran Tuc de Colomers. Entonces no sabía que se iba a convertir en mi “última cumbre”. Voy paseando por las orillas del Palancia.  Sigo animando mi vida con la naturaleza de mi tierra hasta que Dios quiera.

La tarde es blanda y el aire se deshace en trenzas en mi boca. Mis ojos se filtran en el Palancia. Y veo rosas templadas, sutilizadas de colores estivales. El amor vuelve, camina y se aleja, como mi río, desatando su natural cadencia.

Mañana vuelvo al Pirineo.

Mi última cumbre

Luis Gispert