Este vecino mío, sabe mirarte con una sonrisa franca y abordarte con llaneza, sin avasallamiento. Este vecino mío es tan normal que lleva y trae a sus hijos al colegio en las semanas que no encuentra trabajo. Este vecino mío es inmigrante.

Ser emigrante supone ver tan negro tu porvenir, que aceptas desarraigarte y comenzar a dar lo mejor de ti en otras tierras. La emigración es una selección natural, sólo los inconformistas, los emprendedores, los que se ven capaces de salir adelante en cualquier lugar desconocido, aun lejos del lugar en que nacieron, son los que se introducen en ese laberinto.

En esta primavera segorbina, durante la cual hemos sido tan afortunados que -no por las cerezas, con débil cosecha- han sido publicados varios libros de autores/as locales con multitudinarias presentaciones en nuestro ayuntamiento o en Canfranc, este vecino mío también ha publicado su libro.

La presentación de su obra no ha entrado en el elenco de las multitudes, no ha habido una editorial que asuma la edición, ni un negro que la redacte…

Mula, Hijo-PutaUna buena mañana salió de su piso con una alforja llena de libros, me encontró y me ofreció su texto animándome con la oportunidad irrepetible de ser el primero que lo adquiría y llevándome al huerto con la indicación de que tenía que vender, a lo menos, doscientos o trescientos ejemplares, ya no lo recuerdo, para sufragar los costes de su aventura, dinero que, por cierto, le había prestado otro buen amigo.

Al cogerlo en mis manos, sentí que estaba ante algo auténtico, bueno o malo todavía no lo calibraba, pero al ver su título, quise ser realista y ponerle alguna valla más a su complicada aventura: “Con este título has eliminado a todos los mojigatos como posibles compradores” le dije. Me miró y comprendí que ya lo sabía, pero sus ojos insistentes querían tasar cuánto tenía yo de mojigato, por lo que me apresuré a comprarlo. Ahora sé que es un libro atípico en todas sus vertientes.

Este vecino mío se llama Alexander Muñoz y aunque nació en Cali (Colombia) llegó como exiliado y refugiado político; y ya lleva diez años con el difícil objetivo de abrirse camino en nuestra ciudad.

MULA HIJO-PUTA narra con la sencillez de quien comienza a escribir una historia mil veces repetida: cómo se le presenta una situación irrepetible en Colombia a un desesperado por carecer de futuro y se le convierte en la mula que ayuda introducir la cocaína en la que un día llamaron madre patria como puerta de Europa. En la narración aparecen esas expresiones auténticas del castellano crecido al otro lado del Atlántico, modismos que encierran otra musicalidad en el lenguaje.

Hay novelas que acaban bien y otras que acaban mal o no acaban nunca. El final de la novela no lo desvelaré, este vecino mío quizás te lo ofrezca un día cualquiera, por la calle, abordándote con una sonrisa franca, porque estas páginas digitales ya le permiten un estrado con su propio público y así lo convierten en un segorbino con una discriminación menos.

Mula, Hijo-Puta

Manuel Vite. Martínez.