“Nerea Alandí y La Entrada de Toros y Caballos”

“Un vinculo inevitable”

Hace unos días el vuelco de estomago nos lo dio Dani Palomar con la noticia que este año, con su caballo Greco, va a “entrar” a los toros. Era algo que en cierta manera esperábamos, pero aún con todo. Cosquillas en el estomago.

Así pues, todos, tras el primer soponcio, ésta noticia se convirtió en alegría. En satisfacción. En saber qué nuevas sangres, nuevos segorbinos, van a seguir transportándonos en esa esencia pura y mágica de esta, nuestra querida Entrada de Toros y Caballos de Segorbe. Y, también en algo de envidia. Sana. No lo vamos a ocultar. ¿Quién pudiera salir con su caballo en La Entrada?… Pienso desde mi impotencia.

Pues sí. Hay quien va a poder salir y participar en La Entrada. Cuando todavía estábamos en éxtasis con la noticia del Dani, de pronto se extendió la nueva y buena noticia de qué, Nerea también este año va a “entrar” a los toros. Sí, Nerea. ¿No les suena?. Se lo resumo en dos palabras: Nerea Alandí. Ahora sí. ¿Verdad?. Menudo apellido. Menudos genes. Menuda solera.

La cuestión es que también la noticia corrió como la pólvora en todos los medios habidos y por haber. Prensa, televisión, redes sociales… Y aunque temerosos, también todos, dada la edad de la amazona y aún a pesar del apellido que arrastra, las firmes palabras con las que nos deleitó en la entrevista televisiva que le hicieron, nos disipó todo tipo de dudas. ¡Vaya talante!. ¡Vaya maneras!. Qué seguridad. Qué ganas. Qué pasión.

JOYERIA ROYO
RODOLFO Y VENTURA

Lo tengo claro, Nerea nos “entra” a los toros y puede que deje a la altura del betún a padre y a tío. Y eso que a éstos, me los juego, como a la mayoría de los caballistas con los más chulos en estos menesteres. Con el puesto que, durante años se han ganado a pulso. Con derecho. Con talante. Con pasión. Con maneras y con ganas. Con ese saber estar.

Ahora le toca a Nerea. Y todo resulta lógico. Pues todo empieza con hecho. Con una acción.   Al igual que su padre y tío, con quizá toda una vida dedicada a ello. Con la savia y la esencia recorriendo todas y cada una de las venas de su cuerpo. Por cada poro de su piel. Empieza con un sentimiento enraizado a una forma de vida. Un sentimiento transmitido y mamado desde la cuna. Desde los primeros meses de su vida. Tirando aún de biberón y paquete culero percibiendo en el ambiente familiar un eco a relinchos de “aca” y olor a estiércol. Con aromas de la piel de las sillas de montar. A ese olor que desprenden los aperos de tiro y a madera de carro con solera. Al brillo de collares y cascabeles. Ese aroma a romería.   A Enrramada.   A entablao.   A cera de bolas.   A cuerda. A cuchillo. Percibiendo ese perfume que huele a recuerdos. A historia. La de sus abuelos. La de su tío José Ramón. La de su padre Alfonso. A esa paciente madre, Esperanza.

Hace ya muchos años, pongamos trece, o catorce, la visión que me ofrecían cada día tras esa frenética y entrañable Entrada y qué, la siguen muchos caballistas, aún no estando los toros en toriles y todavía andan dando vueltas por la plaza ya cerrada, éstos, se afianzan prestos a montar en el sudoroso caballo a sus jóvenes vástagos. A sus cachorros. Y esto, oigan, es un regalo del cielo. Algunos con apenas unos meses de vida. Otros, ya más granadinos, montados en la silla, tirando y guiando al caballo de las riendas mientras el padre, hinchado como un cochino, con la babica cayéndole por toda la pechera, parten calle Colón arriba haciendo el paseíllo de regreso a Mesones en busca del merecido aplauso. De los vítores. De las muestras de afecto. De cariño.

En busca de la mirada de seres queridos y amigos que le dan la mano y la palmada en la espalda. Y estos herederos de este tan gran tesoro, bien solos en la silla o agarrados por los sobacos de su progenitor, suben todo pagaos como si ellos mismos hubieran sido los protagonistas de la Entrada. Como si ellos mismos hubieran bajado los toros y no sus padres. Y yo, oigan, me deshago en lágrimas que intento ocultar de un manotazo cuando me veo estas imágenes diarias. Estos sucesores fijos de una fiesta que jamás perderá esencia, encanto y futuro.

Hubo un tiempo, no muy lejano, más o menos los años de los que les hablo, que Nerea, radiante de felicidad subía sentada en la silla del caballo junto a su padre.

Supongo que ya por aquel entonces aquella joven niña, soñaba con ser ella quien, con su caballo, bajará y guiara a los toros desde los Mesones hasta la plaza de la Cueva Santa. Tal vez, al frente de la manada. Tal vez a la izquierda, su padre. Tal vez, a la derecha su tío. O codo con codo con Dani Palomar. Por ejemplo. Bella estampa.

Ahora será Nerea quien forme parte de esa gran familia que son todos y cada uno de los caballistas que gracias a ellos nos ofrecen este espectáculo único como lo es La Entrada de Toros y Caballos de Segorbe.
Nerea Alandí, que tus sueños se hagan realidad. Recuerda que los soñadores no podemos ser nunca domados.

Suerte querida caballista. Suerte segorbina. Suerte Nerea. Nerea Alandí.

Toni Berbís Fenollosa – Fotos: Familia Alandí.