Todos tenemos uno de esos recuerdos de la infancia que se te meten muy hasta dentro de ti y te hacen creer que cualquier tiempo pasado fue mejor, y entre los míos está el de las noches de verano cuando los mozos de mi pueblo, de aquellos tiempos, pues ahora esos mismos o peinan canas o sacan brillo a sus calvas, hacían las rondas de madrugada cantando canciones a las chicas de sus sueños desvelando, en ambos significados de la palabra: de despertar y descubrir, a todo el vecindario. Pero era una vigilia agradable, aunque el padre de la homenajeada tal vez no pensara lo mismo, pues entre el sonido de los instrumentos de cuerda y las voces, más o menos afinadas, te dejabas acunar de nuevo en los brazos de Morfeo con una sonrisa en los labios… Nada que ver con ruido de esta otra juventud de ahora, sin ánimos de ofender, con mucho más ritmo, pero con escasa melodía…

Y otro que se me metió en el baúl de la nostalgia fue el de las tardes de fiesta, en agosto o en Santa Cruz, cuando esos mismos mozos sacaban a sus mozas al medio de la polvorienta plaza del Ayuntamiento para, al son rabioso de guitarras y bandurrias, lanzarse a danzar las frenéticas jotas que vivificaban los ánimos más decaídos de todos los espectadores, en lo que se le dio por llamar “el baile suelto”.

Noche de ronda y jotas

Jotas sobre el escenario. Foto: Ancrugon

Pues bien, anoche, en otra plaza de mi pueblo, que por entonces no existía ya que estaba ocupada por antiguos edificios, bastante menos polvorienta y con mucha más organización, pude revivir aquellos momentos que la nostalgia y la distancia en el tiempo me ha hecho venerar como encantadores. Y todo porque a dos rondallas: la de Soneja y la de la A.C. Memfis de Castellnovo, junto con el grupo de jotas de la misma asociación, les dio por hacernos viajar a nuestras raíces por medio da su buen hacer tanto musical como de movimiento.

Las melodías que nos regaló la Rondalla de Soneja con sus instrumentos bien templados y mejor interpretados y con sus voces melodiosas, evocadoras y en muchas ocasiones estremecedoras, hizo que brotaran de nuestras bocas letras que ni imaginábamos recordar con temas como Sebastopol, Carrascosa, Clavelitos (coreado por toda la plaza), Despierta, Las cintas de mi capa (que dibujo tiernas sonrisas en algún rostro), Estudiantina portuguesa, Joséfina (que hizo brotar brillos alegres), El payador, No volveré (cuya letra fue desmentida por ellos mismo al asegurar que sí lo harían), Ojos de España (que nos hizo buscar con la mirada a los de nuestro amor) y San Cayetano… Y consiguieron que la vuelta a casa fuera con nuestros corazones satisfechos.

Por su parte la rondalla de Castellnovo y el grupo de jotas comenzaron por las lejanas tierras de Huesca con bailes tan conocidos como A pies, Antillón, para continuar con Corona de Aragón, donde se simboliza la unión de un reino (Reino de Aragón, Condado de Cataluña y el Reino de Valencia) tan dividido actualmente, o el Bolero de Caspe que, curiosamente, fue inventado por un manchego y un sevillano, posteriormente llegó la danza de los Palos, la cual se baila todos los 10 de agosto frente a la Iglesia de San Lorenzo de Huesca, o la Jota de tres, representante del folclore de nuestra localidad y en la que dos mozas compiten por la atención de un joven, o La trágica Campana de Huesca que nos cuenta la leyenda del rey decapitador Ramiro II el Monje, y así se fueron siguiendo Leciñena, Zaragoza, Calanda, Guara, Castellnovo y Molinos, danzas todas ellas que hacen referencia a distintas localidades del reino de las jotas.

Y con la grata sensación de haber vuelto en el tiempo hasta aquellos momentos en que todos éramos felices e indocumentados, concluyó otra de esas veladas mágicas con que nos regala la Agrupación Cultural Memfis.

Noche de ronda y jotas

Ancrugon