©  Olga Raro y las bacterias .-

Desde hace más de un siglo se están estudiando las bacterias y de esta forma hemos podido determinar que las hay buenas, malas, impredecibles y necesarias. Es cosa curiosa esta de las bacterias, no las ves, pero resultan imprescindibles para poder beber vino, para fermentar el pan y ¡hasta para dar un olor característico a tus ventosidades! Pueden aguantar en los lugares más recónditos durante años, agazapadas mientras se comen silenciosas una porción de tus dientes o eligen aparecer a la vista triunfantes, para dejarte que puedas disfrutar de una jarra de cerveza o veas su labor al saborear un queso de cabrales… Por todo ello, las multinacionales -esas madres que no hacen más que anunciar la cantidad de puestos de trabajo que van a crear cuando llegan, aunque cuando abandonan el lugar vanse forradas- no dejan de estudiarlas y cuando son interesantes las incorporan a su proceso productivo. Algunas llegan a ser gigantescas, como la Epulopiscium sp., y las podemos ver a simple vista, aunque la mayoría prefieren estar desarrollando su eficaz labor dentro de sus cubículos vitales, casi ignoradas por la raza humana… ¡Cómo me enrollo! debo ir acabando esta descripción de biología porque yo de quien quería hablar era de la primera alcaldesa que tuvo Segorbe…

ESCUELA DE DANZA
Se nos estaba quedando su recuerdo en color sepia y este homenaje le ha devuelto todo el color que tuvo y se merece. Fue muy valiente Olga cuando asumió la alcaldía, sus 26 ó 27 años ofrecían una juventud que todos se apresuraban a tutelar. Quizás por ello sus años de gestión estuvieron acompañados de muchas bacterias bienintencionadas, aunque también las hubo incompetentes y hasta se hablaba de alguna con perfil gris intentando manipularla. Siendo de tierra adentro tuvo que aprender a navegar por ministerios de Madrid para conseguir los fondos que reconvirtieran la antigua fábrica textil en un hermoso Centro Cultural y eso fue una tarea notable. Pero yo he comenzado esta crónica porque deseaba resaltar su carácter inmensamente dialogante, apoyado en una manera de hablar pausada y suave que te invitaba a hacerla partícipe de tus reflexiones. Me gusta recordar que a ella no le escuché jamás descalificaciones a sus rivales porque le nacía orientar sus opiniones hacia una brisa positiva y esa forma desusada de desenvolverse y transcurrir por la vida pública ¡tan en decadencia!, es justo su pequeña grandeza, una de las conductas que sus conciudadanos deberíamos recuperar como verdadero homenaje. Siempre he pensado que ella no hizo política, sino que intentó trabajar -con limitadas herramientas- para disminuir las injusticias sociales de su entorno. Añoro como tras su paso por la alcaldía, siguió mostrando su amor al diálogo y la convivencia creando y moderando el mejor y más plural programa-debate que nuestra comarcal TV Canal ha tenido en su parrilla de emisión. Nunca olvidaré cómo me comentaba que algunas bacterias no visibles habían presionado a la empresa TV Canal para suprimirlo definitivamente de la programación. Son ese tipo de miserías que consiguen quitarte la voz, sin entender -como dijo León Felipe- que siempre queda la palabra.

Olga Raro y las bacterias

Manuel Vte. Martinez