Otoño y las uvas es la reflexión escrita por Manuel Vte. Martínez sobre el paso del tiempo y todas aquellas cosas que, según se mire, cambian o no.

Cuando llega el otoño los pensamientos se encaraman por las parras y convierten en dulces granos de uva todo el destilado del calor y las risas que aportó la pasada estación.

Se dieron a la risa desternillante mis amigos cuando este verano decidí ser ahorrador y me dediqué a embolsar mi uva moscatel con las hojas antiguas de La Prensa de Segorbe. Metido con entusiasmo en esa labor me dio por alabarme a mí mismo, del acierto porque podía darse un maridaje perfecto entre la insustituible moscatel del terreno y la prensa de aquí, todo quedaba en casa.

Han pasado unos pocos meses, se han ido cayendo las hojas de las parras y quedan las bolsas que aún no he recolectado, como guirnaldas que nos recuerdan los buenos momentos pasados entre helados y con las frescas madrugadas. Se aprecian en las falsas bolsas las fotos, ya envejecidas por el sol, de nuestros antiguos concejales en esas tareas que reflejaban los artículos: Soledad Santamaría entre paisanas, Miguel A. Guillen ante un micrófono, Paco Tortajada entregando un premio…

El cometido de dichos envoltorios, quizás por la calidad del papel o tal vez, por las reflexiones que contenían los personajes que completaban las páginas, ha sido magnífico. Los granos de uva se han dulcificado al máximo, algún racimo emocionado por la compañía, se ha olvidado hasta de echar pepitas y, además, las avispas no han querido acercarse a leer ninguna opinión allí expresada… Peor para ellas y mejor para mí.

Los amigos que han vuelto a visitarme al huerto se habían olvidado de mi extravagante ocurrencia y viendo cuantas de las caras que cuelgan de las bolsas ya no están, ni se les espera, por la casa municipal, al ver tan gastadas las imágenes, han reflexionado sobre la rapidez -con nuestro ritmo actual de vida- para dar por amortizados personajes y noticias. A estos amiguisimos/as que van llegando a disfrutar de las paellas otoñales, les he respondido con un punto de pedantería, apoderándome de una de mis preferidas frases de León Felipe, que los ciudadanos “les habían robado la voz, pero allí quedaba la palabra”.

Las uvas se han dorado, las granadas van agrietando su piel al tiempo que los caquis ya han encendido sus bombillas rojizas para iluminarnos este otoño que avanza imparable… Pienso que si algo no cambia, al verano venidero, discúlpenme los vendedores de bolsas, retornaré a colocar las hojas viejas de la Prensa, que entonces llevarán nuevas caras.

Otoño y las uvas

 Manuel Vte. Martínez.