“Para toros, esta tierra…”

La cosa tiene su miga. En cierta ocasión ya les conté la historia acerca de cuando mi querida madre, me trajo a casa un tumbo de periódicos viejos para quemar. “Toma, para que enciendas la chimenea”. Yo, todo contento y pagao.   Vaya que bien.   Pues gracias y todo eso.   La cuestión es qué cuando me puse a arrugar el primero de los susodichos periódicos me percaté que había una firma dando vueltas por la infinidad de artículos que conlleva el diario. ¡Recristo!   Me dije para mis adentros y no me acuerdo si solté un agónico grito o algo peor. Seguramente.   Aquella firma solitaria al final de uno de los artículos era la mía.   O sea, en todos y cada uno de aquellos diarios que yo guardaba en no sé que cajón en la casa de mis padres, albergaba toda una serie de periódicos viejos donde, un servidor, había publicado algún tipo de artículo en el mismo.   La cuestión que los guardé de nuevo en un archivador. Algo más digno.   Algo más merecido.

Ahora, en estas fechas donde nos encontramos arañando las fiestas patronales y, rebuscando por entre aquellos viejos periódicos al encuentro de un tema que ahora no viene a cuento, me doy en los morros con la hoja de uno de estos artículos que les cuento. Uno muy majo. Al menos para mí.

La hoja corresponde al periódico Levante – El Mercantíl Valenciano.   Está arrugada y huele como a libro viejo.   Sus letras no lucen y resaltan a la vista. Ya se quejan. Ya posan intermitentes. Has de arrugar el ceño y acoplarte bien las de leer. Ya saben. Perdiendo vida pero con la solera y dignidad de unas letras, más o menos bien escritas.

Estando pues leyendo ese artículo el cuál doy por nombre   “Para toros, esta tierra…”, meto una pequeña introducción al lector antes de entrar de lleno en el tema en cuestión:   “El perfume de la Entrada de Segorbe es poesía dentro del marco de encierros que se celebran en esta piel de toro llamada España”.   Ahí queda eso.   Me digo todo orgulloso y todo hinchao.   Seguidamente a esta introducción y ya al principio del texto pone mi nombre con un asterisco: A. BERBÍS FENOLLOSA (*). Algo así.

Llegados a este punto me leo el artículo de arriba a abajo de un tirón. Es un buen artículo, pienso, y más cuando veo la fecha de la publicación: “Sábado, 30 de Agosto de 1997”.   Ha llovido.   Ha bajado mucha agua por el rio.   Nada más y nada menos que veintidós años de almanaque.

Me acomodo en el sillón con la vista al techo y la hoja del periódico en la pechera. Veintidós tacos de esta publicación.   Y me pongo a recordar como en aquella época, en aquel año de 1997, hacía ya algún tiempo que había colgado la pluma y arrimado la silla en aquel equipo de redacción de mi famosa y querida revista local “Agua Limpia” que se despidió del pueblo de Segorbe para siempre, lo que el tema de la cosa de publicar estaba algo jodida.

RODOLFO Y VENTURA
JOYERIA ROYO

Recuerdo que, al no tener medio alguno donde publicar un algo, recurrí a Chelo Torrejón, actual directora de InfoPalancia.   Acudí a ella como quien pide pan.   Como el gato empalagoso que se restriega una y otra vez por los tobillos y al final acabas dándole un puntapié.   Acudí a ella en plan monjita con la estampa en la mano para lograr el óvolo. La limosnita. Ya saben.

Y le dije que si ella, como corresponsal que era de este afamado diario el Levante y de otros tantos donde ella colgaba noticia tras noticia, me haría el favor de que, con motivo del comienzo de las fiestas, a ver si me colaba unas letras que había escrito. Un haber sí cuela. El no, ya lo tenía.

La buena de Chelo cogió con buena gana y con esa sonrisa que tanto la caracteriza, aquel par de folios escritos a maquina que le llevé.   Le dije, abusando un tanto del momento y que me venia al pelo, que ya que lo enviaba a publicar, pues a ver si Pepe, o sea su mano derecha, su cámara de veinticuatro horas, su compañero de curro, su confidente y, al final, su marido, me metía una fotico para rellenar el susodicho artículo. El cual yo le llevé a pelo. En un par de folios casi de esos de papel de estraza. Ni una foto, vamos. Y ya ven, mi artículo con una foto del Pepe Plasencia. No se puede pedir más. Qué regalo. Oigan.

Así pues, aquel famoso Sábado 30 de Agosto de 1997, a las siete de la mañana ya me ven sentado en la puerta del kiosco del Baseliso enfrente mismo de la tómbola en espera de recoger el periódico.   Cuando el Paco abrió el kiosco, le arrebaté sin tan siquiera darle los buenos días el Levante.   Pasé las páginas como un poseso hasta que llegué a la sección de comarcas. La sección de Fiestas Patronales.   Y allí estaba mi artículo.   Todo majo él.   Lleno de letras.   Con mi nombre y con la foto de Pepe Plasencia.

Agarré diez ejemplares. Sí, diez, y le solté la mosca al Baseliso y me arreé hasta la Glorieta.   Allí, bajo la mirada del Botánico Pau, leí y me deleité con aquellas letras que olían a tinta fresca que se mezclaba con los aromas que desprendían las plantas ornamentales de los jardines, allí, tras el banco donde dejé caer mis posaderas sobre un fino hilo de aguadera que me paso pantalón y gayumbos.

El artículo en sí, es de aquel joven que quería ser escritor y que se aprovechaba de queridas amistades para que, de vez en cuando, le metían su “pesado” artículo en aquellos afamados diarios.   Es un artículo que les habla de la Entrada de Toros y Caballos de Segorbe.   En un estilo propio de mí.   En mi línea.   En forma de escribir las cosas.   De sentirlas.   Aunque ahora le daría alguna mano de pintura.   Es decir, de tinta. Una lavadica de cara. Al artículo me refiero. Claro.

Lo curioso también de este viejo artículo, es ese asterisco del que les hablo al final de la firma inicial al texto (*), ya que al final del texto, tras el punto y final, Chelo, al tener que reescribir y pasar todo el texto al formato correspondiente para su envío, volvió a clavar el asterisco y escribe sin pudor alguno: “Corredor de las Entradas de Toros”.     Y ahí me digo, pues vaya que sí. Pues malas carreras me pegaba yo en aquellos años bajando tras toros y caballos desde la misma curvica de la calle del Argén hasta el mismísimo estrecho del Seminario donde el corazón se me subía hasta el garganchón y me cogía el “flato en el lao” con semejante pechá de correr.

Así pues que, esta simple hoja del periódico Levante, donde lleva impresas unas letras paridas desde el corazón, unas líneas llenas de sentimiento y de amor por esta fiesta, esta tierra y arrancadas de una pluma deseosa de desangrarse, han hecho que volviera a recordar en estas fechas tan cercanas a las fiestas, lo que sentía hace veintidós años por ellas y lo que, ese sentimiento, se ha ido engrosando y engordando cada día, cada semana, cada mes, cada año más y más. Y mucho más.

Ojalá, está, mi vieja pluma, tenga fuerzas suficientes para qué, acompañado de ese sentimiento del que les hablo, siga desangrándose en palabras, en relatos, en artículos de esta, nuestra tierra. Nuestro pueblo. Nuestras gentes. Nuestra fiesta. Nuestra Entrada de Toros y Caballos.   En definitiva de todos y cada uno de ustedes.

Y, por supuesto, gracias a esa picara de Chelo Torrejón por hacerme un hueco, como siempre ha hecho, y que mis sentimientos convertidos en palabras hayan surcado por los rotativos de los más grandes periódicos de la época.   Gracias a ese gran y envidiable fotógrafo de Pepe Plasencia que, con sus impresionantes instantáneas acompañaban a mis letras. Sin esas, sus fotos, mis letras hubieran estado huérfanas. Cojas de ambos pies.

Así pues, les dejo el artículo, por si la vista les es propicia y pueden leer algo de él y porque creo que tras veintidós años, el artículo, bien merece que le dé un poco el aire. Como que también merece que lo vuelvan a leer. Estas viejas letras, escritas con el corazón y el ansia de aquel pobre chico con aspiraciones a escritor, les agradecerán de nuevo su lectura.

Toni Berbís Fenollosa – Desde Mi Atalaya