Atrapado en el disfrute rutinario de nuestras ferias medievales multiplicadas como injertos de moda, de los clásicos festivales instrumentales entreteniendo tardes y noches. Enganchado a las dinámicas danzas joteras hermanándonos con vecinos aragoneses. Ansiando esas jornadas que nos recuerdan un pasado agrario con olivos o cerezas o tomates o…

Siguiendo al minuto todas las multitudinarias procesiones que van regando de cera el recorrido de las variadas vírgenes por los variados pueblos. O apuntándome a las competitivas jornadas del tradicional guiñote, uno ya creía que con aspirar a la visión añadida de alguna obra de teatro -novedosa e inteligente a ser posible- y a ese concierto con voces excepcionales que en ocasiones se descuelga, era necesario dar por exitosa la temporada cultural de la comarca y mis parabienes podían ser sembrados por los surcos del territorio deseando alejarnos de los temidos barbechos y sequías presupuestarias.

Sin embargo, este fin de semana hemos descubierto otros horizontes musicales casi olvidados: el de los cantautores, que no se acababan tras lo que nos habían regalado Serrat o Sabina, ni con las emociones sentidas ante Aute o Ismael Serrano, porque otras voces seguían usando las palabras y la música para liberar conciencias atrapadas en esas rutinas que no siempre podemos calificar de satisfactorias.

ESCUELA DE DANZA

En dos noches y una tarde, las del 3 y 4 de Mayo, seis cantautores, seis -Los Flacos, Diego Ojeda, Gremio Bohemio, Técanela, Luis Ramiro y Rafa Pons- alardeando de una creatividad tan variada como atractiva, alabando con una reiteración que creo sincera, el poder actuar en este recinto tan coqueto y encantador como es el Teatro Serrano de Segorbe, han comenzado a lanzar versos a un público -siempre insuficiente para estos actos de tanta calidad- que sentíamos como sus palabras tiraban a dar, se saltaban convencionalismos para motivarnos a vivir la vida con intensidad y no limitarnos a verla pasar. Sus canciones animaban a hundir esos miedos, esas dudas, esas sombras que crecen sin permiso en nuestro interior, en la laguna de la caspa aceitosa. Y también de lo contrario, que si estás empapado de ese aceite conformista ante las injusticias sociales, puedes evaporarlo y salir a gritar, a confirmar que Berlín tenía un muro que se pudo derribar…

Cuando creía que el rol de actividades ya estaba completado en el calendario de unas rutinas amables, estas jornadas me han vuelto a sorprender, a desear que se repitan, que se institucionalicen, que toda la comarca se agolpe buscando una entrada cuando nos visiten poetas con la misión de arañar la realidad para ver que hay al otro lado y nos lo sigan contando con su atractiva acústica…

Manuel Vte. Martínez