Resulta cuanto menos curioso que, en ciertas circunstancias, se tire de hemeroteca y vaya uno y recuerde la campaña televisiva y radiofónica que, en tiempos contra la lucha del SIDA, daban la vara a cada momento con las medidas de protección a tomar para evitar contraer aquel, que parece ser haya desaparecido virus, muy lejos de la realidad y que, a día de hoy, y vayan contando los años que han pasado, todavía no hay una vacuna efectiva contra el mismo.  Parece tan lejano y sin embargo se quedó con nosotros y, como todas las cosas, cuando la primera soflamá ha pasado, pues como que volvemos a las mismas costumbres y las mismas rutinas sin acordarnos lo más mínimo de aquello que nos atemorizó a toda la población por un determinado espacio de tiempo.

Por todos los medios informativos y en casi todos los hospitales, lucían por doquier post televisivos y radiofónicos como he comentado, mientras, de las paredes estos últimos colgaban infinidad de carteles con la afamada frase: “PÓNTELO, PÓNSELO”.  Y ya saben el qué.  Además de todo tipo de prensa escrita.  Abrías el periódico o revista de turno y lo primero que te encontrabas era el slogan anteriormente dicho.

El tema en cuestión, a parte de la influencia persuasiva que en sí, quería recalcar, no dejaba de ser enormemente tentadora.  Era como si de pronto, te dieran ganas de ponértelo, vete a saber para que, según las circunstancias. O mucho mejor, que te lo pusieran. Esta última proposición era mucho más alentadora porque ya te olías que la cosa iba en camino con un final ciertamente feliz.

RODOLFO Y VENTURA
JOYERIA ROYO

Todo esto viene a cuento, con la que nos esta cayendo en estos últimos meses sobre la pandemia que esta diezmando a la población mundial y dejando, a los que la superan con secuelas que tardarán en desaparecer,  y que, una vez que nos han dado un poco de rienda suelta cambiando de fase, ciertos personajillos y personajillas, pues cómo que se pasan por el forro las nuevas medidas de protección y seguridad que se han impuesto. Nos guste más, o nos guste menos. De todo habrá. Pero creo y pienso que este tipo de medidas recaen en toda la población en general. Por lo tanto, el hecho de que te puedas sentar en una terraza de un bar, no te exime de guardar las distancias. Llevar la mascarilla y que te la subas un poco para saborear la embriagadora y deseada cerveza que, sin duda alguna, le estará sabiendo como la mejor que en su vida recuerde.

En cuestión a lo expuesto, no hay mas que darse una vuelta y contemplar con tristeza que los desatinos e infracciones que se están cometiendo con toda la imprudencia del mundo, o bien, con toda la ignorancia del mundo. A todo esto habría que contar con ese otro sector, donde la chulería de que: “yo soy el mas guapo y no me hace falta mascarilla alguna porque me da calor o no puedo fumar con ella”, pues que también los hay, y los he visto lamentándome de la situación. Con ganas de sacar la vara.

Me consta el trabajo policial ante este tipo de actitudes e imprudencias con advertencias y, en varios casos con denuncias en firmes.  He oido y también me han contado algún caso de estos últimos y, creanme que lo que salía de sus bocas, aparte de un aliento fétido, (seguía sin mascarilla), era toda una serie de improperios hacía el cuerpo de policía y que, estos pájaros, estando en una situación medianamente clara de que no poseen virus alguno, sus frases, duras y cargadas de odio, no solo por la advertencia o la denuncia en sí, lo que sale de sus bocas es un virus conocido por todos desde toda la vida.  Ese virus se le denomina odio.  Un odio a todo aquello que se impone por lógica o por ley sin contar ni constatar qué hay vidas humanas de por medio y que están jugando, no sólo con su propia salud, sino con las vidas de muchas personas.

Por lo tanto, propondría aquel famoso slogan que nos lo inculcaron hasta en la sopa y cambiando un par de letras: “PÓNTELA, PÓNSELA”. (La mascarilla, claro).  Y además de ponértela, como que me haces un sitio de un par de metros y si puede ser, un poco más.  Donde no te vea.  Y si no te la pones pues alguno te la pondremos. Recuerda: “PÓNSELA”.  Y en este caso se trata de una mascarilla, nada de aquello del primer slogan, aunque, viendo lo visto, tampoco te estaría tan mal, enterao de turno, un buen condón, aunque esté usado que te amordace esa boquita de piñón.

Háganlo por ustedes. Háganlo por todos nosotros.

Toni Berbís Fenollosa – Foto:José Plasencia