Elisa Portolés y  Antonio Aznar.

Es habitual en temporada electoral que los partidos saquen a relucir las mejores armas dialécticas para atraer los votos de los ciudadanos. Estas herramientas bien utilizadas sirven para debatir, analizar, mejorar, informar, crear o convencer, pero mal utilizadas sirven para hacer demagogia, mentir, engañar o crear falsas expectativas.

Todo es cuestión de ética y dignidad, algo que nuestros políticos no están precisamente demostrando en los últimos tiempos. Qué tiene de ético o digno el proponer reuniones para escuchar las necesidades e intereses de las asociaciones culturales o deportivas de tu pueblo y hacer propuestas de futuro cuando en estos momentos y desde hace años ya está ese partido en el gobierno y no se ven atisbos de interés en estas asociaciones; ningún tipo de subvención, instalaciones insuficientes, mínima actividad cultural y privatización de recursos.

Qué tiene de ético o digno ir a las casas de los ancianos a pedir su voto, pidiendo su DNI para hacer la petición de voto por correo con papeleta incluida suplantando a sus familias. Todo previo discursito político hablando de los demonios del comunismo que tiene dentro de su propia casa. Esta acción que raya en la ilegalidad no es lo que más me enardece. Lo hace el hecho de que en primer lugar da por sentado que los ancianos no tienen capacidad de decisión ni determinación.

Todos sabemos que los ancianos dan trabajo, que cuesta acompañarlos, lavarlos, alimentarlos, que tienen reducida su movilidad, que su memoria y su carácter sufren altibajos y que dependen de nosotros para poder seguir adelante con las mínimas necesidades cubiertas. Y precisamente estos que llaman a su puerta y que no han venido nunca a darles un poquito de su tiempo para acompañarles o a traerles una estampita de esos santicos a los que se acogen o ayudarles a levantarse o a lavarse…estos que han dejado exhausta la Ley de dependencia, estos que pierden cada solicitud enviada y que nunca han movido un dedo por ayudar a mi madre, vienen ahora a pedir su voto. Deben estar muy desesperados o faltos de argumentos para llegar a este punto de cinismo y desvergüenza y solo espero que la sensatez de muchos de estos “cándidos” anc ianos y ancianas les muestre un ejemplo de verdadera democracia.