Soneja, la eterna “festera”

Si alguien foráneo preguntara a algún palantino cuál es la población que, con diferencia, siempre está de fiestas, no cabría la menor duda que un porcentaje mayoritario respondería que Soneja…

En este año de 2018, el próximo agosto, se cumplirán los 250 años de la inauguración de la entonces nueva iglesia. Fueron cuatro días intensos, desde el 21 al 24.

Pero ¿Cuándo se comenzó la obra de la nueva iglesia? Su inicio fue en 1751, bajo el diseño de Antonio Gilabert y Felipe Rubio y sobre la antigua iglesia que databa de 1633. Aunque algunas noticias apuntan a su inauguración el 23 de febrero de 1766, parece imposible porque en aquel mismo año los vecinos de Soneja, para alargar la Iglesia, se plantearon tomar una parte del palacio señorial y a este fin dirigieron una exposición al Barón de la villa. El señor accedió y, por tanto, se derribó aquel, dando la longitud total que hoy conocemos.

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Antes de la inauguración oficial se fue ornamentando la iglesia. Era necesario comprar la imagen del titular de la parroquia; así que en el mes de mayo de 1767 se adquirió en Valencia, a Vicente Company, un San Miguel. En el mes de junio, por San Juan, ya de 1768 se adquirían las estatuas y lienzos a la Congregación de San Felipe de Valencia. Fueron dos imágenes de San Carlos Borromeo y de San Francisco de Sales, dos Ángeles grandes con sus candeleros de bronce y el trono del Viril; en pinturas llegaron el lienzo de la Purísima que estaba en el segundo cuerpo, el del Salvador que cubría el Tabernáculo, cuatro lienzos pequeños de la historia de San Felipe Neri y un lienzo en el Trasagrario del Tabernáculo con dos lienzos colaterales. Todo ello, y algunos objetos más, por un precio de 650 libras.

El día 21 de agosto comenzaron las celebraciones. Como era lógico, se centraron en actos religiosos; además de cantarse la primera misa con la presencia del obispo de Segorbe, Fray Blas de Arganda (1758-1770), el vicario general de la diócesis, José Musoles, y varios beneficiados de la catedral, con música traída de Vall de Uxó y Valencia, hubo principalmente predicaciones durante los cuatro días. El primero en hacerlo fue el doctor Salvador Chiva, natural de Altura; al día siguiente, el también doctor Vicente Abad, natural de Soneja; continuó Fray José Gil, religioso mercedario de Segorbe y lector de Teología; siguió el día 24, un Padre franciscano conventual de Valencia; y concluyó de nuevo, el 25, Salvador Chiva.

Pero las fiestas se trasladaron al espacio público. Lo describió el entonces rector de Soneja, José Colas, y lo recogió, muchos años después, Félix Iquino en su obra Historia de Soneja (una buena excusa esta celebración para releerla). Sus calles adornadas, balcones y ventanas, y en la calle Larga se dispuso de una adornada fuente de aguardiente y vino que duró 24 horas y bebían cuantos querían. Se dispararon baterías, mascletás y otros géneros de cohetes, unos de cuenta del común y otros que los mismos vecinos idearon en sus respectivas calles; se hicieron dos castillos, dos noches de cuerda (o cordá) a cargo del común, y otra noche de cuerda y castillo a cargo de los mancebos.

Para alimentar a los pobres que asistían a las fiestas se hizo una colecta a la que todos los vecinos se esmeraron en contribuir con sus limosnas. Se dispuso la comida en la plaza de la Iglesia y se guisó las calderas en el Palacio del Barón. Se dió a cada pobre, un plato de arroz y otro de olla. Acudieron a esta pública limosna, 315 pobres.

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De la “contorná” concurrió mucha más gente, que iban a esta solemnidad y por las noches se volvían a sus casas (ahora van por la noche y regresan por el día); las de los moradores de ésta, estaban ocupadas de gentes: unos por convidados, otros porque a nadie se le negaba el ingreso ni se cerraban las casas de noche, otros alojados que desempeñaban cargos en las funciones del común y otros finalmente por haber alquilado casas o cuartos, pues de Valencia acudieron muchísimos. Varios fueron -los hombres que acudieron con diferentes mercancías a vender naranjas de dulce y otros comestibles, aguaderos por las calles y aguas heladas y compuestas, de modo que la villa parecía una feria pública.

El asombrado rector estaba impresionado porque, además de todo lo descrito, se hicieron en la plaza, llamada del Secano (Mayor), cuatro comediones en cuatro días distintos, con sus loas, sainetes y entremeses y diferentes bailes y muchas cantatas que en el tablado se ejecutaban con su golpe de música, clarines y otros instrumentos que embelesaban.

Todo esto se ejecutaba en dicha plaza donde se formó un gran tablado y para librarse de la serena y otros inconvenientes se puso una gran vela y cuantos adornos fueron necesarios como bastidores y vestidos, que se trajeron de Valencia. También, como no podía ser de otro modo, en dicha plaza se hicieron dos días de toros.

Como concluía el Sr. Iquino, tras recopilar esa relación, “ardió Soneja” en esos cuatro días de fiesta para todos los gustos; “fiestas que, tendrán resonancia en muchas leguas de la contornada y que no olvidarán jamás las sencillas gentes que, con su esfuerzo, vieron levantarse una obra hermosa en que cifraron sus ilusiones y esperanzas”.

Dr. Patxi Guerrero Carot – Foto:José Plasencia

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