El relato de Su último adios llega a los lectores de InfoPalancia salido de de la pluma de Luis Gispert.

Se levantó muy endolorido y con la mano magullada. Resbaló otra vez y se fue de bruces hacia un agolpamiento de piedras. Y se quedó baldado…. Pero pudo levantarse nuevamente  y volver a caminar, aunque el camino por el que había pasado cientos de veces con sus caballerías,  ya no era igual. Mostrábase  muy pedregoso y con matojos espinosos. El cayado era su sostén, su motor, para ir avanzando, aunque muy lentamente. Se detenía a intervalos y miraba hacia atrás. Pero no veía a nadie. Estaba solo en medio de un bosque denso, sombreado, misterioso.

-Ahora me buscarán, decía.

Se había  escapado del pueblo. Ya no soportaba las riñas y los malos tratos de su nuera.

-Pues si no está a gusto en esta casa, váyase!

Y se fue. Sin decir nada a nadie. Se encaminó al caserío, distante 15 km. del pueblo, donde había vivido toda la vida y donde enterró a su mujer.

-Voy a verte, Carmen, repetía una y otra vez.

La fuente donde se declaró a su mujer estaba muy descuidada. Apenas manaba un hilillo, una hebra de cristal.

-Con las veces que me detenía para abrevar a los mulos. Te has hecho vieja como yo, le dijo a la fuente.

Carmen era una guapa moza. Se enamoraron y se casaron. Cuarenta años vivieron juntos, hasta  que una cruel enfermedad se la llevó. Fue enterrada en el pequeño cementerio del caserío. Y ahora Tomás iba a verla, para estar con ella, para no volver nunca al pueblo.

-No me buscarán aquí.

Caminaba sin ver el suelo, fijo en la distancia, donde se escondía el caserío.

-Aquí estaban mis campos.

Unos campos invadidos de maleza, de arbustos, de pinares…

Las primeras casas fueron apareciendo, con sus muros maltrechos, con sus tejados desgajados de los pilares de sabina…Calles sin nombre, casas abiertas, donde aún se exhibía una vida cotidiana de siglos…

-Mi casa…!

Pero no pudo entrar….Los cascotes y  la balconada derruida le impidieron penetrar  en lo que fue su morada…. El clamor de la tristeza recorrió sus pensamientos…. Lloró, como cuando se fue su mujer, como cuando sus hijos se marcharon a Barcelona.

Apenas podía recorrer la aldea. El camino del cementerio estaba invadido de zarzamoras y lianas. Tuvo que tronchar la vegetación para poder llegar al cementerio…. Un cementerio que no tenía la imagen de antaño…. El suelo estaba cubierto de maleza y matorrales. Alguna cruz roída se despegaba sobre el envoltorio vegetal…Los ramos de flores no existían…

-Debe estar aquí.

Y encontró un trozo de cruz y descubrió un nombre desdibujado: “Carm…..”. Sí, allí estaba la tumba de su mujer. Y se dejó caer sobre ella. Y volvió a llorar, ahora impulsado  por una fuerte  emoción, ungido en la memoria de  los recuerdos, de la imagen de ella….

-No vuelvas tarde, Tomás, le decía…

Y Tomás nunca llegaba tarde a su casa, donde siempre le esperaba ella.

Pasaron las horas. No se movía de la tumba. Los zorzales buscaban la noche entre las hojas de las higueras. No tenía hambre….Parecía dormido, entregado a la soledad, al calor de una tierra donde estaba su mujer…… Se durmió sobre la tierra, cuando las estrellas se agolpaban como luciérnagas en el cielo.

-Está aquí…!!  Gritó alguien.

Tomás había muerto.

Su último adiós

Fdo: Luis Gispert.