Amparo Gimeno Pastor – Foto: José Plasencia   Tiempo primaveral

Hoy ha amanecido uno de esos días primaverales a tope. Hemos pasado de tener bastante frío, hasta las cuatro de la tarde más o menos; a que haga calor ahora. Pero es que ha lloviznado un poco. Y ha soplado algo de viento. Con sol al mediodía. Marzo carantoñero, vaya. En fin lo típico de estas fechas, donde a lo largo del día, pasas por todas las estaciones, y fenómenos atmosféricos posibles. Para eso estamos ya en primavera, que la sangre altera… Y a mí también, para que negarlo.

Pero, también me vuelve soñadora, evocadora, nostálgica. Estos días tan revueltos, tan nublados, me recuerdan a otras épocas pasadas. De ir a ver las procesiones de Semana Santa a Alboraya, donde nació mi pobre madre. O de otras en Cárrica, junto a mi familia. Porque los días nublados, me evocan a pueblitos tranquilos y apacibles. De chimeneas y calor de hogar. De chocos y cocas de llanda. De procesiones y misas. De una vida que no existe ni pueblos más remotos de España.

RODOLFO Y VENTURA
JOYERIA ROYO

Mientras que los días soleados, me dicen a mar, a playa a diversión. Me saben a sal y limón, a mojitos, a fiestas sin fin. A barquitas varadas en la arena de la playa. A niños correteando en la arena, construyendo castillos, sin fin. A palmeras y playas de arenas blancas e interminables. Y a chicas de Ipanema, bronceándose al sol de poniente, hay tribus ocultas en la orilla del río. Hace falta valor, para ir a la escuela de calor.

Mientras llegan las Fallas, la Semana Santa y el verano, sueño con eso mirar al mar. Y con Hawaii Bombay, y semillas negras.