Espeleólogos en Turio 2. Foto: A.M.

Espeleólogos en Turio 2. Foto: A.M.

El monte Turio, cerca de los municipios de Fanzara y Espadilla, alberga en su interior nada menos que seis cavidades, de las cuáles cuatro superan los 100 metros de profundidad. Para despedir el mes de febrero parte del Grupo de exploración subterránea del Alto Palancia (GESAP) y tres compañeros del Club de Sagunto visitaron la cavidad de Turio 2.

Esta cueva de predominio vertical y con múltiples vías de bajada supone una oportunidad especial de descender hasta una cuota de profundidad de -186’6 metros, siendo esta el último punto accesible de la cavidad. Turio 2 destaca por su amplitud, pero aunque posee zonas muy anchas, también tiene algunos pasos estrechos que añaden un grado de interés al recorrido. El origen de esta cavidad es tectónico, es decir que se originó a raíz de una fractura en la tierra y por ello su principal característica son las repisas de grandes fragmentos rocosos encajonados en la grieta principal. Estas repisas forman diferentes niveles a los que se accede mediante escarpes y pozos de diferente longitud, alcanzando el mayor de ellos 47 metros.

El viernes 27 un equipo de tres personas del Gesap tomó la delantera y preparó parte de la instalación de la cavidad, de forma que el descenso al día siguiente fue fluido y permitió poder recrearse en algunos puntos para realizar fotografías. Como la cavidad ofrece más de una vía de bajada, el sábado 28 se decidió hacer dos grupos. Uno de ellos se encargó de terminar la instalación por la vía de los Proscritos que permite bajar hasta el punto más profundo. Y el otro se desvió por la vía Mossen Fartaes, la cual también conduce a la máxima profundidad por unos pasos encadenados de material poco fiable y con gran riesgo de desprendimiento de roca que en esta ocasión se evitaron.

Poco antes de llegar a la sala de los Proscritos, en donde se separan las dos vías, tres miembros del Gesap procedieron a explorar el paso a las salas del Inglés. Según la documentación recogida de anteriores exploraciones dicho paso se compone de una serie de resaltes que no necesitan instalación, sin embargo la escalada por uno de ellos no resultaba fiable por lo que se consideró más oportuno continuar sima abajo.

En total la exploración de la cueva duró unas siete horas. Los primeros espeleólogos que salieron de nuevo a la superficie llegaron a los coches a las 18:00 h. Una vez fuera, con el material ordenado dentro de las sacas y sin los monos (que en esta ocasión salieron más limpios de lo que entraron), algunos de los miembros de la expedición cerraron el día tomando un merecido refrigerio en Jérica antes de volver a Segorbe.

Ana Muñoz.

Grupo de espeleólogos que bajó a la cueva. Foto: A.M.

Grupo de espeleólogos que bajó a la cueva. Foto: A.M.