Un rato con Rato o una súplica supletoria

 

¡Qué difícil es pediros que leáis un artículo que va a ser aburrido! Y lo va a ser no porque aquí el escribano no aporte su mejor intención en amenizarlo, no. Lo va a ser   porque quiero poner un preámbulo antes de mentar un rato a Rato y se ha hablado tanto de ese señor que ya resulta un rato aburrido.

Que no les engañen, queridos y escasos lectores, si alguna vez les hablan de Democracia en España o en algún otro país… Recuerden ustedes que en un Estado hay Democracia cuando hay igualdad de oportunidades. Para tener igualdad de oportunidades, además de las libertades básicas existen tres pilares irrenunciables que son el acceso a la Sanidad, Educación y la Justicia en los mismos términos para todos los que conviven en ese país. Los enormes recortes habidos en Sanidad y Educación ya me hacen dudar de que en esos campos a mí me traten igual que al que lleva la cartera “atabicá” o sea tan gruesa como un tabique. Pero la mayoría de los profesionales que están en esos ámbitos sé que se esfuerzan para que lo público sea digno y de calidad y con su esfuerzo intentan evitar las graves carencias.

Hoy, leyendo noticias, me he encontrado con una buena y otra mala, ambas de alcance universal. La buena era que los astronautas de la Estación Espacial se habían comido unas lechugas cultivadas por ellos mismos, mas o menos como hacemos todos los jubilados segorbinos, pero ellos las han recogido por los alrededores de la Luna. La mala malísima, que nuestro imputadísimo Rodrigo Rato había sido recibido en el ministerio del Interior por el ministro pertinente. Ha tenido repercusión universal y en gran cantidad de países se preguntan como todavía tenemos ministro del Interior. Bueno, yo no voy a pedir una dimisión tan alta, entre otras cosas porque a mí no me reciben por esos interiores, pero me escandaliza que en esta floja Democracia que hemos construido, den a entender de manera rotunda que el pilar de la Justicia es de plastilina, fácilmente modelable para intereses de poderosos o mafiosos. ¿Habrán hablado de vacaciones, de la salud de sus familiares o de cómo congelar pruebas decisivas para asumir una mínima pena que sirva de pantalla ante la opinión pública? Respóndanse ustedes mismos…

Por eso con la ingenuidad que tenemos los de abajo, los de la calle, los del metro, los de la cola en las rebajas, los que nos tragamos mansamente las cien bolas por día que nos cuentan, quiero pedir, suplicar a los jueces, que sean independientes, incómodamente independientes, dignamente independientes, rabiosamente independientes en todo momento porque la pata democrática que ellos mantienen no puede tambalearse si queremos sobrevivir no con resignación y pesimismo sino teniendo una alegria en el rostro diario.

Un rato con Rato

Manuel Vte. Martínez.