©  Una vida en cien pasos .-

  • “Hemos venido a ser felices” me dice a menudo, con la sencillez y serenidad que aporta un largo camino.

Con seis años recogía las boñigas del suelo y contribuía así al sustento familiar. Su tío de Barcelona se lo iba a llevar con siete años a la ciudad a aprender a ser oficial de ultramarinos “El Siglo”, pero el maestro del pueblo habló con su madre y le dijo que el chico era espabilado y sugirió que fuera a Segorbe con los curas. Su madre no podía pagar las clases, tras acudir madre e hijo a los Franciscanos en Segorbe, ofreció una solución, su madre pagaría solo los libros y José María se haría cargo de limpiar, servir la comida y hacer recados a cambio de poder vivir allí y estudiar primaria y bachillerato.

 Una vida en cien pasos

José Mª Peréz Rubio. Foto: M.R.

Sorbía libros, en Castellnovo su salón de estudios era el castillo; en la escuela, los días de luna llena sacaba sus libros a la ventana y leía de madrugada para ahorrar en velas. Curioso como pocos, sacó su bachiller prematuro y acudió a Valencia donde la república iba a examinar a los próximos maestros. Con 19 años, -el 31 de agosto de 1933- obtuvo su título de Bachillerato Universitario y comenzó a opositar a una plaza de magisterio con el Plan de Marcelino Domingo de la Institución Libre de Enseñanza, tres años en la Escuela de Magisterio que ya combinaba con prácticas en la ciudad.

ESCUELA DE DANZA
Concluyó sus prácticas con 21 pero su carrera se paró durante seis años, lo llamaron a filas en Gandía y allí fue con su batallón a Barbastro. Su miopía lo dejó en la retaguardia, donde enseñó a dividir a su sargento y dio clases a compañeros. Lérida a pie, Berga en camión, en su huida hacia el norte fue testigo de la sinrazón, de la fortuna de no caer destrozado por las “pavas” y de contar con la generosidad de desconocidos en cada lugar de paso.

Los campos de refugiados franceses con los que se encontró mucho recuerdan a los de la frontera con Siria hoy. A su vuelta a España fue preso en un atrio en San Marcos de León durante tres meses, hasta que sin delitos de sangre y con el apoyo de cartas reconociendo su bondad, salió de allí para retomar poco a poco la actividad que tanto quería desempeñar.

Tras la guerra tuvo que volver a hacer el servicio militar y se tuvo que examinar de religión. En 1942 obtuvo si primera plaza provisional en Alaquas, así comenzó su periplo ya como profesor, marido de Carmen y padre de su primera hija, también Carmen. Después fue Pradip, Alcora y el lugar que le acogió durante más años, Navajas, donde permaneció de 1953 a 1972 y en el que nacieron sus otras dos hijas, Fina y Teresa. En Valencia pasó sus últimos años como profesor donde se jubiló y retornó al Alto Palancia para cultivar su huerta y saborear su tierra.

José María ha tenido oportunidad de asumir muchos roles y aceptarlos con valentía. Siempre he admirado a mi abuelo por su actitud vital, optimista y reflexiva, por la aceptación de los hechos que le han sucedido con pragmatismo, por sus ansias permanentes de conocer y descubrir lo nuevo que el mundo le ha traído. Por ser capaz de transmitirnos con hechos y palabras el lado bueno de las cosas. “Hemos venido a ser felices” me dice a menudo, con la sencillez y serenidad que aporta un largo camino. Para mi es un sabio en mayúsculas que crece en lucidez conforme pasan los días.

Su memoria suma piezas del pasado cotidiano de la zona. José María “el maestro” recibirá el lunes 18 un homenaje en Castellnovo como vecino decano. Hoy son 100, ojalá fuera eterno.

  • José María Pérez Rubio cumple el 18/8/16 100 años

Una vida en cien pasos

Mª José Rodríguez